Esta es la continuación de una primera parte que escribí la semana pasada porque creo que, el film al que hago alusión, nos recuerda lo cruel que fue esa II Guerra Mundial.
La madre de Bruno ha empezado a percatarse de cosas tras una broma de mal gusto del teniente Kotlerque revela la procedencia del repugnante humo que sale de las chimeneas del campo.
El propio Bruno también se siente asaz confuso por los cambios de su hermana que, afectada por las lecciones de su tutor y por la atracción que siente por el teniente, empieza a empapelar las paredes de su habitación con propaganda nazi.
El ambiente cada vez más rarificado en su casa, junto con las historias que le cuenta Shmuel hacen que el niño se pregunte si está sucediendo algo deplorable al otro lado de la alambrada. Ya no tiene claro que su padre sea el buen hombre que siempre había creído.
Bruno se asombra al ver a Shmuel limpiando la cristalería en su casa y le regala un bizcocho. Mas el teniente Kotler les sorprende y acusa a Shmuel de robar comida.
En vez de defender a su amiguito, incitado por el miedo, Bruno le dice al teniente que nunca había visto a Shmuel. Más tarde, acongojado por los remordimientos, visita varias veces la alambrada con la intención de pedir perdón a su amigo, pero el niño con el pijama de rayas no aparece.
Cuando Shmuelpor fin regresa, su cara está marcada por una aterradora herida causada por el puño del teniente Kotler y Bruno siente una profunda culpabilidad. Pero Shmuel le perdona y restablecen su amistad.
Mientras, la relación entre los padres de Bruno se ha vuelto tan tensa que el padre toma la decisión de enviar a su familia a casa de una tía que vive en Heidelberg. Aquel traslado que Bruno había deseado tremendamente desde su llegada, resulta ser un duro golpe para él pues toma conciencia de que tendrá que separarse de su nuevo mejor amigo.
Finalmente, en uno de sus últimos encuentros, Shmuel le cuenta a Bruno que su padre lleva tres días desaparecido. Bruno decide, y promete, ayudar a su amigo a encontrarle. Consideraque esa seráuna buena oportunidad para compensarle por haberle traicionado ante el teniente.
El mismo día de la mudanza a Heidelberg se escapa para ver a Shmuelpor última vez, cargado con una pala para cavar un hoyo y poder cruzar al otro lado. Éste, a su vez, le trae uno de los pijamas que llevaban todos.
Pero una vez cruzada la alambrada, Bruno, vestido como los demás se confunde entre ellos. Por más que su padre se percata de lo sucedido y le llama vociferando su nombre, ya no hay vuelta atrás. Su destino es idéntico al de su amigo y al de los demás inocentes que hay al otro lado de la alambrada: el crematorio.

