El Nacional
El coordinador de la Pastoral Penitenciaria, fray Arístides Jiménez Richardson, exhortó ayer a los agentes penitenciarios a elevar su voz de rechazo e impedir la aprobación de legislaciones anticultura que organismos internacionales tratan de establecer en América Latina y el Caribe para normal la vida de las cárceles y los reclusos.
El sacerdote expresó que algunos de esos organismos internacionales, incluso llegan al extremo de que cuando asignan recursos para la construcción de una cárcel, supeditan los mismos a la aprobación de leyes colaterales ajenas a la realidad carcelaria de América Latina y el Caribe.
Jiménez Richardson hizo el llamado al pronunciar la conferencia Perfil de la Pastoral Penitenciaria en los nuevos contextos de Latinoamérica y el Caribe, en el marco del VI encuentro de Pastoral Penitenciaria que se desarrollar en la Casa San Pablo, del 24 al 28 del presente mes.
Los agentes de pastoral penitenciaria que son los que van con los internos a caminar y los funcionarios penitenciarios, son los que van a vivir, y el pueblo a recibir los efectos dañinos de leyes anticultura, por lo que están llamados a levantar la voz, más todavía, están llamados a reclamar e impedir ese tipo de legislación oprobiosa y denigrante, dijo.
Indicó que esas leyes no son el fruto de las conclusiones ni de las largas deliberaciones de las personas que están directamente vinculadas con los sistemas penitenciarios, sino de personas contratadas por organismos internacionales que las discuten en cuartos fríos y que son aprobadas luego por el Estado.
Subrayó que la mayoría de las legislaciones aprobadas en los congresos de América Latina y el Caribe desconocen los sentimientos de los internos, pero además son leyes anti-iglesia, anti-pastoral y anti-Jesucrito.
El religioso citó como ejemplo el Código Procesal Penal y el nuevo Código Penal Dominicano.
Manifestó que no hay una acción política, de los organismos internacionales o de los congresos que no afecten la convivencia humana de los internos, por lo que llamó a los agentes penitenciarios a redoblar sus esfuerzos a favor de los reclusos.

