Presentamos a los lectores de Semana una nueva entrega de poemas de Víctor Díaz Goris, contenidos en su libro inédito La Muerte o el Deseo.
Donde ocurre la noche
Donde ocurre la noche
Hay fantasmas decapitados,
Una camisa rota
Con el color de las pesadillas,
La imagen de un niño que llora
En lontananza de la muerte,
Una avenida poblada de calaveras,
Mirlos y cuchillos descontentos.
Donde ocurre la noche
Se pudre una emoción
Y nace un verso,
Se desangran los ojos
Bajo el hacha de la mirada,
Eruptan su aliento de abejas
Los amantes que se quedaron solos,
Se derriten las guitarras,
El polvo se vuelve un farol.
Donde ocurre la noche
Una larga espada con ojos
Desnuda el vientre del mundo,
La lluvia se vuelve angustia
Y la angustia se vuelve mujer.
Donde ocurre la noche
Se escucha un gran silencio:
La enorme ausencia de palabras
Que gravita
Sobre los que poblamos
El cementerio.
Separación
El rojo turpial desangrado
Lleva a la noche en el pico.
Una alondra azul se enciende
En el crepúsculo que vendrá.
Una verde paraulata,
Con una diminuta orquídea en el corazón,
Va desde tu nombre
Hasta el rencor.
El águila por nacer
Aletea en la sombra,
Mientras una nube degollada
Libera arrendajos que vuelan hacia el sol.
Lloran los asfódelos
La inquisición de la angustia.
El Pecado Original
Se derrite
Bajo unos labios de mujer.
Los ángeles caídos
Lloran su amargura
Sobre la piel de la Serpiente.
El Paraíso se ha cerrado.
¿La piadosa mano del Amor
¿Lo abrirá?
Memoria existencial
Coronado de mirlos,
Con una adarga afilando
Los ojos marrones de mi voz,
Y con espinosos crisantemos
Derritiéndose en mi alma,
Con nenúfares alados
Habitando mis labios,
Y una orquídea desangrada
Perfumando mi aliento
(Jifero que destaza
El corazón de la luz)
En la quietud de la ceniza
Recuerdo:
La piel de una mujer
Cubierta por la ignominia,
El dolor de una virgen
Desflorada por un relámpago,
El eco de un verde orgasmo
Chorreante de espinas,
Y la muerte de un poeta
Que va cruzando la Estigia.
Nube
Igual que una nube
Manchada de sangre
Untada con desgano
En las rozagantes arrugas
Del tiempo,
Igual que un orgasmo
Derramado al socaire
De unas piernas cerradas
(Ceniza vaginal
Crucificada al deseo),
Igual que un árbol menstrual
Plantado en medio
Del cansancio,
Así cierra la tarde sus labios,
Para morder entre sí
La ajada carne
De mi tristeza.

