En abril de l96l, cursaba el primer año de bachillerato y ya soñaba con ser médico.
Iniciaba mi vocación por la medicina cazando lagartos, inyectarle agua en el abdomen con una jeringa y disecarlos con una navajita Gillette, enterrando ratones y desenterrándolos luego para examinar su esqueleto.
El doctor Manuel Rodríguez Jiménez, neumólogo, influyó, como otros, en mi naciente vocación por la medicina.
Luego de la guerra de abril de l965 me gradué de bachiller en Ciencias Naturales y dejo mi hogar para residir en una clínica, iniciando una vocación que se prolongaría por toda mi vida.
Poner inyecciones, sutura en caras a niños que caían, ayudante de cirugía, empecé a conocer el respeto de los pacientes por los médicos y viceversa, honorarios justos, no abusivos.
Calibré el reducido interés de los médicos con los pacientes para lucrarse en desmedida, su interés en superar los quebrantos de sus pacientes, permaneciendo las noches junto a ellos, adocenando suaves y convincentes palabras de consuelo a sus familiares. Era un idilio sublime que aún hoy enrojecen mis ojos.
Mi primea puja médica y conceptual la forjé en esa clínica, que fue una previa pasantía de formación médica, conceptual, moral, educativa, humana, indeleble en mi memoria y práctica profesional que me enorgullece, de nunca anteponer nuestros intereses mercuriales a las urgencias de nuestros pacientes.
Cuando tenía apenas 17 años de edad era practicante, y ahí despertó mi segunda vocación médica por la cirugía cardiovascular, logrando especialidad por siete años en México, no sin antes la experiencia de la pasantía oficial en San José de los Llanos, San Pedro de Macorís, donde me desempeñé como ginecólogo-obstretra, pediatra internista y salubrista, gastroenteritis, con el lienzo de fondo de la Sabana de Guabatico.
El médico argentino René Favaloro, padre de la cirugía de bypass aortocoronarios;
¡Lo que tendría que narrar de las innumerables entrevistas con los sindicalistas de turno
Cuando un paciente viene a mi consultorio luce siempre muy preocupado y desarmado, porque ignora el quebranto, aspira a que el médico lo sane, y no que lo engañemos.
Esto así, porque la mayoría de los dominicanos creemos corrompida nuestra sociedad, aseverado por cifras del Foro Económico de Davos, Suiza, en que la clase médica de ninguna manera vive fuera de esa burbuja corrupta.
Muchos dominicanos aspiramos a se como los norteamericanos, con la diferencia de que en la primera economía mundial puedes incurrir en toda gama de tropelías, con el riesgo de que si e atrapan, te aplican las leyes Stara contra de los autoreferimienos, las leyes que protegen el Medicare y el Medicaid, la ley anti-comisiones clandestinas (Anti kickback law), que si son violadas, tanto por el corrupto como el corruptor, pierden la licencia.
En estos casos son penados con grandes multas y son condenados hasta por cinco años de prisión, y es por ese cúmulo de contravalores imperantes en la medicina de hoy si no hay motivos suficientes para avergonzarme de mi profesión como médico.
