Aquí no todo el mundo está dispuesto a continuar aceptando tranquilamente que grupos de politiqueros delincuentes sigan al frente de las instituciones del Estado. Los hombres y mujeres sensatos del país han comprendido que personas sin ninguna valía se han insertado en los ayuntamientos, el Senado y la Cámara de Diputados y que por tanto hay que buscar la forma de cómo deshacerse de los negociantes de la politiquería. No hay que hacer mucho esfuerzo para darse cuenta que hemos estado dirigidos por verdaderos truhanes que apoyándose en el clientelismo, el ladronismo y la cleptocracia se han burlado de lo mejor del pueblo dominicano.
Los dominicanos y dominicanas que no forman parte de los grupos que se aprovechan del presupuesto nacional deben de estar conscientes de que para desplazar de los ayuntamientos y el Congreso a los tigres de la política se precisa de un instrumento electoral y de recursos económicos amplios para impulsar candidaturas decentes, independientes de los partidos que han hundido el país y han prostituido el ambiente político nacional.
La delincuencia política aventaja a los adversarios suyos porque cuenta con estructuras políticas organizadas a nivel nacional y también tiene a su disposición y alcance los dineros del erario los cuales maneja a su mejor interés y conveniencia, además de que no tiene escrúpulos para utilizar y aplicar métodos bajos propios del hampa politiquera.
Lo más conveniente es que en cada provincia amplios sectores se unan con el objetivo de quitarse de encima a los grupos que han estado, con diferentes nombres y apellidos, controlando los ayuntamientos y escogiendo como senadores y diputados a personas del bajo fondo social, a verdaderos cafres del accionar político.
Si no queremos seguir viendo las calles sucias, asquerosidad por todas partes, y a diputados y senadores que no representan a ningún ciudadano o ciudadana honrado, hay que ponerse en tensión para dar pasos en firme y quitarnos de arriba a toda esa carroña politiquera y sinvergüenza.
En nuestro país se ha unido la basura politiquera, la ignorancia y la corrupción en todas sus vertientes para hacer posible la descomposición de todas las instituciones sin excepción, con el agravante de que muchas fuerzas motrices sanas se sienten frustradas y manifiestan su descontento con la situación actual adoptando una actitud de indiferencia ante la realidad de desastre nacional en el orden material y espiritual.
La frustración y el desengaño están presentes en la conciencia de muchas personas que razonan diciendo que aquí no hay nada que buscar, que esto se jodió, que el tigueraje, el ladronismo y la podredumbre política está muy bien pegada en los órganos de poder y que resulta difícil salir de ella. Pero por muy hondo que haya penetrado la corrupción creemos que aquí son más los buenos y honrados que los malos y ladrones que hasta ahora han ido a los distintos gobiernos a burlarse del pueblo dominicano.
La verdad es que no hay ninguna duda de que no podemos seguir viviendo como hasta ahora. De seguro que son muchos los dominicanos y dominicanas que por momentos se sienten como si estuvieran viviendo en una pocilga, compartiendo con marranos vestidos de seres humanos. Desde el momento que se le abre una brecha a lo nocivo no resulta fácil detener la basura que viene detrás; semejante situación se está comprobando en nuestro país donde desde que se institucionalizó el tigueraje político y se le dio categoría de liderazgo de inmediato el ambiente político se corrompió, se comenzó a santificar el robo.
La corrupción y sus expresiones políticas de clientelismo y degeneración han ejercido influencia en todos los órganos de poder político.
Solamente se están sintiendo bien en el medio social actual dominicano aquellos que, en una u otra forma, se aprovechan del desastre nacional y que no se dan cuenta que están, poco a poco, abriendo el hoyo donde serán lanzados conjuntamente con la porquería que nos ha desgobernado para beneficio propio.

