Los ojos del mundo han dirigido su mirada a la delicada situación por la que atraviesa la economía mundial, la cual se manifiesta en los tormentos financieros del Sistema Monetario Europeo (SME) y la crisis de endeudamiento que afecta a Estados Unidos.
La aprobación del salvataje financiero a Grecia evidencia en la práctica la imposibilidad material de la economía helena para poder afrontar el pago de sus obligaciones externas, situación que bien pudiera asimilarse a una situación de default (cesación de pago).
Algunos cantores del pragmatismo están de pláceme ante el plan de rescate de Grecia. Reconocen que la crisis puede no haber terminado, pero los líderes de la Eurozona han apostado a una salida coyuntural al problema financiero griego, en lugar de pensar en soluciones a largo plazo que superen los males de fondo.
Otro tanto ocurre con Estados Unidos. Esa potencia económica mundial se encuentra atrapada por problemas financieros estructurales que, aunque tendrán propuestas efímeras de soluciones, están llamados a generar crisis recurrentes dentro del desempeño económico integral.
Se reconoce que la economía norteamericana es la más grande del globo terráqueo al generar bienes y servicios por un valor de 14 billones de dólares, sobre un Producto Interno Bruto (PIB) mundial que alcanza los 62 millones de dólares, siendo tres veces mayor que la economía china, la cual aporta una producción de unos 5,9 billones de dólares.
Pero Estados Unidos es un país atrapado por el consumismo crónico, por el culto a una economía militar que devora cuantiosos recursos materiales en desmedro de la economía civil, afectando de esa manera el cumplimiento de los programas sociales. Los déficits fiscales y comerciales distorsionan el ritmo productivo estadounidense.
Y para hacer frente a sus compromisos financieros internos y externos el gobierno norteamericano ha tenido que endeudarse hasta más no poder, al tiempo que las deudas de empresas, hogares y ciudadanos crecen de manera astronómica.
Datos oficiales dan cuenta de que en el 2010 la deuda global de EE.UU. superó los 54 billones de dólares, desglosada de la siguiente manera: 14,3 billones como deuda federal; 2,4 billones de obligaciones financieras contraídas por los estados y municipios, así como unos 38 billones de dólares correspondientes al sector privado.
Si se comparan esos números con el PIB norteamericano se podría apreciar que el endeudamiento de la economía estadounidense se hace insostenible, pues el mismo es casi cuatro veces superior al valor del producto interno bruto, lo que evidencia un mal de fondo dentro del desempeño productivo, comercial y financiero de Estados Unidos.
Las señales de incertidumbre que llegan a los mercados financieros desde la Unión Europea y Estados Unidos están generando cierto pánico en los inversores internacionales. No es por casualidad que en los últimos días se aprecia un retorno al alza en los precios de las materias primas y los alimentos.
Nuevamente la fiebre especulativa se hará sentir con toda su criminal crudeza en los mercados de futuros. Sin ninguna regulación que la controle, la especulación en los precios del petróleo, las materias primas agropecuarias y los alimentos seguirá afectando el crecimiento económico y el desarrollo social del mundo.XXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXXX

