Crisis: una lectura
El movimiento de la actual crisis económica mundial podría expresarse, aparentemente, en función de la simple esfera de las finanzas.
Pero no se puede negar que la crisis inmobiliaria evolucionó a crisis financiera, llevándose por delante a centenares de bancos y entidades financieras diversas, a todo lo largo y ancho de la economía mundial. ¿Cómo pretender ignorar esa realidad?
El sistema liberal global se inclinó por la socialización de las deudas y los fraudes privados y el rescate del colapso financiero mediante una intervención de los bancos centrales y la inyección de liquidez monetaria sacada de los bolsillos de los contribuyentes.
El mundo ha visto la operación de rescate más costosa de toda la historia económica de la humanidad, en provecho de poderosos bancos y entidades financieras localizadas en Wall Street y otros centros bursátiles europeos y asiáticos.
Ya se ha dicho: se han privatizado las ganancias y socializado las pérdidas.
El impacto de la crisis económica, con todo y el megarescate financiero global, ha generado impactantes perjuicios sociales e incremento de la pobreza en el mundo subdesarrollado. Baste pensar en el incremento del desempleo, la caída de la producción y el consecuente derrumbe del consumo.
Continúan las dificultades para la obtención de créditos que puedan financiar las exportaciones, todo lo cual se encuentra en estrecha conexión con la caída del consumo, tanto en Estados Unidos como en Europa Unida y China, para sólo citar importantes motores del comercio mundial.
Además, de lo que se trata es de impulsar una coherente política anticíclica con la activa participación del Estado en el gasto público y la gestión social, mediante un amplio programa de obras públicas y focalización de los subsidios, unido a más reducción en el costo del dinero (baja en las tasas de interés).
Para estos tiempos de enfriamiento de la demanda y los flujos de inversiones es necesario estimular el consumo, reducir los costos del crédito e incrementar el gasto fiscal como medio para neutralizar la caída en la esfera de la producción.
Y en lo que respecta al comportamiento del dólar, en cuanto divisa principal de la economía mundial, sigue bajo fuertes presiones en medio de búsqueda frenética de líneas de créditos, al tiempo que los bonos soberanos, el euro (moneda única europea) y el oro siguen gozando de aceptación como resguardo en tiempo de crisis.
Pero lo que sí se podría afirmar de manera categórica es que la moneda norteamericana está llamada a depreciarse frente a otras divisas. Y será así debido al aumento desproporcionado de la deuda pública y el déficit presupuestal de Estados Unidos.

