Quienes pregonan el colapso productivo, comercial y financiero de China debido a una desaceleración coyuntural en su ritmo de crecimiento olvidan los fundamentos de su economía, así como su proceso de inserción dentro de un mundo que se hace cada vez más interdependiente.
En efecto, han transcurrido 35 años desde el momento en que el Estado chino inició un renovador y sostenido proceso de reformas económicas que abrieron nuevas vías para el crecimiento y el mejoramiento en la calidad de vida de unos 600 millones de personas que han superado el lastre de la pobreza extrema.
Sobre una población que supera los mil 300 millones de personas, China emerge hoy como un vigoroso motor de la economía mundial a pesar de que en la coyuntura actual se registra una desaceleración en su ritmo de crecimiento, sobre todo cuando se piensa durante el período 1980-2010 la producción de bienes y servicios creció a una tasa entre el 8 y 10 por ciento, cayendo en los últimos tres años al 8 por ciento.
Pero sin pesar que la Historia presenta un movimiento circular -es decir, que los hechos suelen repetirse periódicamente- no debemos olvidar que durante siglos China fue la economía más grande del globo terráqueo, perdiendo espacio desde los primeros años del siglo y dando paso a la expansión de Gran Bretaña y su revolución industrial (1756).
Ya desde el siglo 19 la economía china aceleró su caída por la pendiente resbaladiza del deterioro productivo, comercial y financiero, llegando a sus niveles más críticos en los años sesenta del pasado siglo.
Recordemos el año 1976 cuando tras la muerte del líder histórico Mao Tse Tung asumió el control del Estado el dirigente Deng Xiaoping, quien puso en ejecución un ambicioso programa de cambios institucionales y económicos para renovar la estructura productiva china convencido de que no importa el color del gato, pues lo que importa es que sepa cazar ratones.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) ha hecho un pronóstico a corto plazo sobre el desplazamiento de Estados Unidos en el liderazgo económico mundial por parte de China al señalar que para el 2016 este último podría ceñirse la corona del primer lugar.
Y desde los inicios del presente siglo 21 la economía china ha fortalecido su base productiva industrial, aportando alrededor del 50 por ciento al Producto Interno Bruto (PIB), seguido del sector servicios (40 por ciento) y del agropecuario (10 por ciento).
Pero más allá de los avances internos en el plano económico-social, la influencia de China sobre el comercio mundial ha sido impresionante para muchos empresarios, productores y consumidores localizados en numerosos países de en Asia, África y América Latina y el Caribe.
¿Qué sería del mundo subdesarrollado sin la demanda china de materias primas y la captación de los flujos de inversiones procedentes del gigante asiático?
China es considerada en la actualidad, a pesar de su desaceleración en su ritmo de crecimiento, como la economía con mayor dinamismo en el mundo. Sus avances tecnológicos y expansión financiera convierten al gigante asiático en el motor por excelencia de relaciones económicas internacionales.
