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Presencia económica

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Daniel Guerrero

Trump: ¡Traed empresas!
Donald Trump acaba de jurar como el presidente número 45 de Estados Unidos justo cuando se conocen indicadores macroeconómicos que ponen en evidencia la erosión productiva, comercial y financiera que afecta al sector empresarial norteamericano, registrándose así un deterioro en sus fundamentos industriales.

Por eso el discurso del nuevo inquilino de la Casa Blanca pronunciado durante la promoción de la pasada campaña electoral de EE.UU. concitó la atención de empresarios y trabajadores estadounidenses cuando éste habló de impulsar un proceso de “retorno a casa” de muchas filiales o sucursales de empresas transnacionales que durante décadas han sido instaladas fuera de la geografía económica nacional.

Empresas como la automotriz Ford y la fabricante de equipos de aire acondicionado Carrier han desistido de instalar filiales productivas fuera de Estados Unidos para preservar la creación de empleos dentro del mapa laboral estadounidense acogiendo las propuestas de la Administración Trump sobre el otorgamiento de incentivos en la reducción de impuestos y facilidades en la regulación empresarial para reducir costos internos de producción.

Ahora bien, ¿será posible dejar atrás décadas de redespliegue industrial transnacional dirigido a captar mejores tasas de ganancias en países donde las filiales pueden operar con menores costos de producción?
Pero lo que ha ocurrido en Estados Unidos con el proceso de internacionalización de la producción que ha llevado a muchas empresas a instalarse fuera del país no ha sido el resultado de los efectos de los tratados de libre comercio que esa potencia económica ha suscrito con diversos países del mundo. Porque no se deben confundir los efectos con las causas.óLos orígenes de la salida de muchas empresas transnacionales de Estados Unidos para instalarse en países que ofrecen mejores condiciones operativas para reducir costo de producción es una expresión de aquella fase de internacionalización de la producción y los capitales registrada a partir de las últimas décadas del siglo 19. Ahora se ha expandido más en la era de la globalización económica.

Durante los años setenta del pasado siglo, dos décadas antes de que entrada en vigor el Tratado Comercial de América del Norte (NAFTA) y unos cincuenta años antes de que Donald Trump jurara como el nuevo presidente de Estados Unidos el tema del redespliegue industrial transnacional llamó la atención de economistas y organismos internacionales.

El economista hondureño-venezolano Max Flores-Díaz escribió: “el traslado de empresas transnacionales desde los países desarrollados a las economías pobres se explicaba debido a que el precio de la mano de obra tiene un fuerte peso en la estructura de costos (actividades trabajo-intensivas)”, entre otros componentes financieros.

Se trata de un fenómeno productivo que se corresponde con la lógica del capital en la búsqueda de una mayor maximización de sus tasas de ganancias sobre la base de reducir sus costos de producción recurriendo a la vigencia de una mano de obra más barata y exenciones impositivas en los países subdesarrollados. ¿Podrá revertirse el fenómeno del redespliegue industrial transnacional durante la Administración Trump?

El Nacional

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