¿Caos comercial?
La lógica comercial manda a todo país que desea concertar un acuerdo comercial en sus diversas modalidades avocarse a realizar un profundo y sustanciado estudio acerca del impacto que tendría sobre los diversos sectores productivos, comerciales y financieros del país su incorporación al mismo.
En pleno año 2019 se reconoce que a escala planetaria se trata de consolidar el bilateralismo (a instancia de los países desarrollados), dejando en un segundo plano el escenario de las negociaciones comerciales multilaterales moderado por la Organización Mundial del Comercio (OMC). Lo expresado significa que “no todo el mundo se ha beneficiado del comercio”.
En efecto, tanto el Fondo Monetario Internacional (FMI) como la OMC reconocen el crítico momento por el que atraviesa el comercio mundial debido al aumento de las políticas proteccionistas y al evidente cuestionamiento a los grandes acuerdos de libre comercio a nivel global.
Los nombres de los máximos gerentes del FMI, BM y OMC se unen para llamar la atención sobre lo siguiente: «El comercio está dejando atrás a demasiados individuos y comunidades…» por lo que hay que «hacer del comercio un motor de crecimiento para todos: En defensa del comercio y de las políticas para facilitar la adaptación».
Pero si bien es verdad que Christine Lagarde, quien acaba de presentar renuncia como directora gerente del FMI para ser propuesta como presidente del Banco Central Europeo (BCE) y Roberto Azevedo, director gerente de la OMC, evidencian su preocupación por la afectación que la caída del comercio ha generado sobre muchas personas y espacios geográficos localizados en los países desarrollados, el perjuicio mayor, por lógica, ha recaído sobre las economías subdesarrolladas.
Si fijamos la atención en las zonas geográficas pobres se podrá comprobar que durante el periodo 1950-2018 América Latina y el Caribe ha visto decrecer su presencia en las ventas de bienes en más de 6 por ciento, en tanto que África lo hizo por debajo del 2,5 por ciento, en tanto que los países asiáticos experimentaron un ligero incremento del 18 por ciento en su participación comercial.
Pero con el ascenso de Donald Trump como el presidente número 45 de EE.UU. y su proclamada retórica proteccionista y de reticencia ante la firma de grandes acuerdos comerciales bajo la vigilia multilateral de la OMC se podría afirmar que el mundo se encuentra en un notorio reforzamiento del bilateralismo dentro del comercio mundial.
Ya la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), entidad que reúne a las principales economías del globo terráqueo y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) han expresado sus reservas ante el actual curso del comercio mundial y los perjuicios que se han estado generando dentro de la dinámica de las relaciones económicas internacionales.
Los efectos de la guerra comercial entre Washington y Pekín ya se dejan sentir dentro del contexto de la economía mundial.
La agenda del comercio global debería ser reformulada, pero habría que definir el contenido y la estrategia de la misma para visualizar con claridad meridiana quienes serían los principales ganadores y perdedores de la misma.

