Doha, capital del Qatar (pequeño país situado en la región del golfo Pérsico) fue escenario de la 18 Conferencia de las Partes de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP 18) y de la Octava Reunión de las Partes al Protocolo de Kioto, y la falta de compromiso de los países industrializados para asumir sus responsabilidades en la defensa medioambiental del planeta hizo recordar el fracaso de las negociaciones comerciales multilaterales en la llamada Ronda Doha.
Recordemos que la citada ronda comercial se inició oficialmente en la Cuarta Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio (OMC) que tuvo efecto en la ciudad de Doha en noviembre de 2001, y de ella salió un mandato para desarrollar las negociaciones comerciales en asuntos de agricultura, servicios y la propiedad intelectual, pero transcurrida ya una década la debatida Ronda Doha duerme el sueño de los justos.
Durante los años de crisis económica mundial (que se manifestó con más crudeza durante el periodo 2008-2009) el tema de las negociaciones comerciales multilaterales en el marco de la OMC ha sido relegado a un lejano lugar de la agenda económica mundial para dar paso a los problemas monetario-financieros de la Unión Europea (UE) y Estados Unidos.
Todavía los altos niveles de desempleo registrados en las economías desarrolladas frenan las iniciativas para retomar el escenario de Doha. Estados Unidos, Unión Europea (UE) y Japón, entre otros países, concentran decenas de millones de personas alejadas de las actividades laborales y de un normal espacio en el mercado.
No obstante, al decir de Pascal Lamy, director de la OMC, tanto los países desarrollados como los subdesarrollados se han puesto de acuerdo en el 80 por ciento de los temas objeto de negociaciones, pero el nudo gordiano se encuentra en el restante 20 por ciento: los subsidios agrícolas.
Charles-Maurice de Talleyrand (1754-1838), quien fuera un famoso político francés, llegó a sentenciar: En materia de negocios, nada hay efectivo mientras no estén terminados.
Las ayudas (subsidios) que distorsionan el comercio han devenido en reiterativas por parte de los gobiernos de los países ricos. Contrario a los compromisos sustentados por el gobierno norteamericano, las leyes agrícolas de esa potencia económica mundial, lejos de recortar las ayudas a los productores, las aumenta, actitud que ha incrementado la desconfianza y la confusión dentro de las partes negociadoras en la Ronda Doha.
Doha se encuentra en un punto muerto, aunque aparentemente los técnicos de los países miembros de la OMC celebran en Ginebra todo un maratón de reuniones. Falta la todopoderosa voluntad política de las grandes economías para avanzar en el tema.
Mucho se ha debatido sobre el tema en cuestión. Se ha generado una verdadera lluvia de ideas, propuestas y reflexiones acerca del impacto de la crisis económica mundial en el comercio internacional, así como su reflejo sobre las negociaciones dentro de la OMC, pero hasta el momento nada concreto se ha logrado.
Timothy Gore, funcionario de la reconocida institución Oxfam Internacional, al referirse a los resultados de la recién celebrada 18 Conferencia sobre el Cambio Climático en Doha, expresó: El asunto ha llegado a un punto crítico en Doha. Los países en desarrollo están amargados pues ven, una vez más, que las naciones industriales no cumplen sus promesas. Semejante conclusión perfectamente podría invocarse para ser aplicada a los resultados fallidos de la Ronda Doha sobre negociaciones comerciales multilaterales dentro de la OMC iniciada en el 2001.

