Opinión

Presencia económica

Presencia económica

La esfera del comercio experimentó durante el pasado año una sensible caída dentro de la economía mundial, según estadísticas divulgadas por la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Pascal Lamy, quien funge como director general de la OMC, acaba de revelar una verdad harto conocida: el comercio mundial cayó en picada durante el 2009.

Esa importante esfera de las relaciones económicas internacionales decreció un 12 por ciento, sin parangón desde la Segunda Guerra Mundial (1939-1945).

En el seno de la Eurozona, la inquietud se reavivó con la reciente publicación de los datos sobre el crecimiento en el cuarto trimestre de 2009.

 Y durante el 2010 ya de da por seguro una reducción del 9,5 por ciento respecto del año anterior, tomando muy en cuenta la merma del crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en países de la Unión Europea.

El PIB de los 16 países que comparten la moneda única sólo creció 0,1% en los últimos tres meses del año pasado, tras registrar un avance del 0,4% en el trimestre anterior.

 La catastrófica situación de las finanzas públicas griegas y los temores sobre la salida de la crisis a mediano plazo de las economías española y portuguesa refuerzan la idea de que una recuperación económica sólida podría no estar a la vuelta de la esquina.

 

En cuanto a China, ese poderoso motor económico gana una posición respecto a la clasificación del año pasado y se coloca por delante de Alemania, que cede el puesto de primer exportador mundial de mercancías, y de EEUU, que en 2008 ya había cedido ante la fortaleza del  gigante asiático.

 

Se comprenderá que la caída de la demanda y del financiamiento para la compra de bienes y servicios a escala planetaria, especialmente en las economías desarrolladas, fueron realidades que impactaron adversamente dentro de la dinámica del comercio mundial.

Según estudios científicamente elaborados, en tiempo de crecimiento de la economía mundial el comercio suele crecer a una velocidad superior al rit             mo de la esfera de la producción; pero cuando sobreviene una fase depresiva entonces las compras y ventas de bienes y servicios se desploman.

 

Se ha comprobado que los intercambios comerciales tienden a crecer más rápido que la riqueza mundial en tiempos de bonanza, pero también caen más deprisa en los malos tiempos.                                                                                              

Naturalmente, resulta innegable que la economía mundial envía señales difusas y confusas sobre la velocidad de recuperación, pero el hecho de que el desempleo en Estados Unidos haya descendido al 9,7 por ciento, dejando atrás el ritmo de los dos dígitos, constituye una señal de aumento del consumo interno.

 

Pero todavía falta mucho para que los países desarrollados y emergentes (con Estados Unidos, Europa, Rusia, India, Brasil y Asia/China/Japón) conjuguen recursos financieros, productivos y comerciales para jalonar  a la economía mundial.

El Nacional

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