Redacción Internacional, 30 dic (EFE).- «Pride and Glory» es una nueva película sobre policías neoyorquinos, más concretamente del Bronx, llena de tópicos, violencia y escasa o nula originalidad en su planteamiento, en la que no se salvan ni las interpretaciones.
Edward Norton, Colin Farrell, Noah Emmerich y Jon Voight son los protagonistas y miembros de una familia de policías en la que cabe todo: el corrupto, el honrado con conciencia, el defensor de los valores tradicionales y el que se mueve entre dos aguas.
Todo ello regado de los mayores tópicos posibles. Origen irlandés, cenas familiares, peleas entre hermanos, traficantes hispanos, corrupción de bajo nivel, ambiciones escondidas, pobreza, droga o prostitución. No le falta nada y le sobra todo a esta película dirigida por Gavin O’Connor («Tumbleweeds»), con ritmo eso sí, pero con poco nuevo que ofrecer.
Jon Voight es el patriarca de una familia de policías integrada por sus dos hijos (Norton y Emmerich) y el marido de su hija (Farrell). Norton, agobiado por la culpa de haber mentido en un juicio para salvar a un compañero, comienza a investigar el asesinato de cuatro agentes en lo que parece una emboscada por un traficante de drogas. Pero desde el primer momento se ve el trasfondo de la corrupción policial, personificada en Farrell, que vuelve a interpretar a un agente duro y violento, papel en el que parece centrar su carrera.
Y una vez mostradas sus cartas, el filme transcurre sin sorpresas, con una violencia creciente y un desarrollo moralista, dejando de lado las historias secundarias que son, sin duda, las mas interesantes.
