En su conferencia Verdad, justicia y reparación, que dictó en la Fundación Global, Democracia y Desarrollo, Baltasar Garzón defendió la creación de una suerte de tribunal internacional para acabar con la impunidad. Pero no sólo en lo que respecta a genocidio, terrorismo, tortura, sino a todo tipo de violaciones contra los ciudadanos. Su condición de víctima del poder político y económico confiere particular dimensión e importancia a la fórmula que ha propuesto. Desde que ordenó la detención en Londres del exdictador chileno Augusto Pinochet, su nombre adquirió ribetes universales. La decisión de resarcir el derecho de las víctimas del franquismo lo hizo más famoso todavía. Si bien ambos casos lo colocaron en la mira de los enemigos de la justicia, su carrera la eclipsó la investigación sobre un escándalo de corrupción que vincula a importantes figuras políticas de España, sobre todo del partido en el poder. Y con su destitución las víctimas del franquismo se quedaron sin la justicia que demandaban por falta de un juez y de un tribunal imparcial.

