Las circunstancias demandan que los jueces electorales observen la mayor mesura para evitar señales o contradicciones que puedan malinterpretarse. Más que nunca tiene que primar su condición de juez para arbitrar con el más estricto apego a las leyes los conflictos que han surgido de las votaciones. Si no cayó bien que el presidente de la JCE, Julio César Castaños Guzmán, utilizara el término pataleo para referirse a los reclamos y alegatos de fraude de la oposición, tampoco las contradicciones que se han notado entre magistrados. El protagonismo no es lo más conveniente para dirimir conflictos que requieren imparcialidad, capacidad y prudencia. Antes que adelantar juicios e incluso juzgar la cultura política los magistrados deben propiciar confianza en el tribunal para fallar cada caso con apego a la verdad. Los afectados deben contar con la garantía de que el tribunal no se prestará a triquiñuelas en beneficio de partidos ni de candidatos. Los jueces, con una importante misión que cumplir, no pueden generar desconfianza.

