Opinión

Protestas a la dominicana

Protestas a la dominicana

Si las protestas fueran realmente el reflejo de los deseos de un pueblo, el pueblo dominicano podría ser considerado un esquizofrénico. Siempre he dicho que República Dominicana es un país que no sabe lo que quiere y se mueve en función de la corriente que siga su clase política. Nada refleja mejor esta realidad que las protestas al estilo dominicano.

 En República Dominicana se protesta para que se gaste 4% en Educación, por más aulas, más escuelas, una calle, las pensiones y los salarios del sector público, mejores condiciones laborales para los policías…

 Al mismo tiempo, se protesta en contra de que se exploten los recursos mineros de Pueblo Viejo, que tampoco se exploten los recursos en Loma de Miranda, se le critica al Gobierno si vende terrenos del Estado, si hace concesiones para carreteras, si pretende privatizar…

 En resumen, en República Dominicana se protesta a favor de más gasto, y en contra de todo lo que pudiera generar ingresos o ahorrar. Para satisfacer esos reclamos, se somete otra reforma fiscal y todos la protestan y ningún gobierno les hace caso. Historia patria desde el año 2000.

 La reforma en esta ocasión era previsible por el fin de algunas medidas de la semi-reforma del 2011 y el creciente déficit eléctrico, déficit que, curiosamente, nace en el 2004 cuando el Estado de manera inexplicable, volvió a asumir el control total de las distribuidoras y a profundizar su intervención en un sector eléctrico que aunque con deficiencias, en aquel entonces mostraba un notorio avance.

 La magnitud de esta reforma, sin embargo, aunque les duela y se nieguen reconocerlo el sector privado y las organizaciones detrás del movimiento, se debe al bendito 4%. No creo que la necesidad de la reforma fiscal le fuera ajena al presidente Medina, pero puede que este no midiera la magnitud del ajuste sino hasta que pudo evaluar el tamaño del déficit eléctrico (avisado desde la gestión de Celso Marranzini pero que, al parecer, nadie quiso escuchar), el pago de la deuda y otras rigideces presupuestarias.

 Yo solo espero que esta reforma sirva de lección para las futuras protestas al estilo dominicano. Nunca he estado frontalmente en contra de que se asigne un 4% a la educación primaria, sino que entiendo que ni antes ni ahora es el momento adecuado para hacerlo. Con la mitad de la economía sumida en la informalidad, el 4% terminará siendo una carga muy fuerte para los formales que sí pagan impuestos y un incentivo para que los informales sigan siendo informales, lo que va a profundizar aún más el problema impositivo y la presión tributaria. 

 El primer paso era incentivar la formalización de la economía para luego, con la carga mejor distribuida, otorgar el 4%. Como es típico en nuestro país, cogimos el atajo, y posiblemente las cosas en la adelante se podrán peor antes de quizás, algún día, mejorar. Vamos, sigan protestando.

El Nacional

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