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Quintaesencia

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Rafael Ciprián

Lula es ejemplo

La vida política de Luis Inácio Lula da Silva está llena de lecciones para todos los que desean aprender. Nació el 27 de octubre de 1945, en un pobre y apartado municipio de su amado Brasil, llamado Caetés, de apenas unos veinte mil habitantes.

Es conocido que Lula saltó a la palestra pública como líder de un sindicato de obreros metalúrgicos. En los años 80 alcanzó la presidencia de su organización obrera. Desde ahí se destacó por sus condiciones de líder y su innegable vocación de servicio social. Siempre se preocupó por la suerte de sus compañeros de trabajo y por los pobres de su nación.

Para proteger y defender a sus compañeros de oficio y para impulsar la democracia en su país, Lula participó en la organización de la mayoría de las huelgas que estremecieron los cimientos de la dictadura que sufría Brasil.

Fue miembro fundador del Partido de los Trabajadores (PT). Alcanzó la posición de presidente honorario del PT. Y desde ahí emprendió una carrera electoral hacia la presidencia de su país. Alcanzó su objetivo. El 1 de enero de 2003 fue investido como jefe de Estado de la República Federativa del Brasil. Se mantuvo nueve años en el poder.

Su llegada al Gobierno, contrario a otros presidentes, muy especialmente en América Latina y, en lo particular, en nuestro país, no fue para ser un administrador de crisis con pretensiones particulares y grupales. Fue para convertirse en un ente de cambio social y político y para transformar la vida de sus conciudadanos.

Prueba de ello es que en menos de una década sacó de la pobreza a más de treinta millones de brasileños. Le dio dignidad. Implementó el programa de asistencia social de “Hambre cero” o “Bolsa de Familia”. Hizo reformas profundas a todo el sistema. Triplicó el Producto Interno Bruto (PIB), reconocido por el Banco Mundial. Y proyectó a su país como una potencia global.

El segundo período de gobierno de Lula terminó el 31 de diciembre de 2010. Y salió del poder, como debía ser, con una enorme popularidad. Para destruirlo, la Naturaleza o las maquinaciones del perverso global lo infectó con un cáncer en la garganta. Quizá su condición de fumador por décadas contribuyó con ese mal. Pero como buen luchador que es, pudo superarlo.

Además, las fuerzas políticas más atrasadas de su país le hicieron la vida imposible. Lo vincularon con falacias a actos de corrupción. Fue víctima de la persecución judicial con fines políticos.

El autor de esta columna denunció esa burda trama judicial contra Lula desde que comenzó. Y el juez Sergio Mora, el falso héroe que fabricaron, se ensañó contra Lula para obedecer a sus amos. Llenó de vergüenza e infamia a la justicia de Brasil.

Hoy Lula es el favorito para volver a la presidencia de Brasil. Sus enemigos tiemblan.

Rafael Ciprián

Rafael Ciprián