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QUINTAESENCIA: Derechos y favores

QUINTAESENCIA: Derechos y favores

Rafael Ciprián

Por Rafael Ciprián
rafaelciprian@hotmail.com—

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Mientras generales como Matías Ramón Mella, Gregorio Luperón, Gaspar Polanco, entre otros, se llenaban de gloria en la lucha restauradora, dirigiendo como debe ser al pueblo en lucha, otros generales, como José Antonio (Pepillo) Salcedo y su líder Buenaventura Báez, buscaban indignamente favores de la Corona española y sus autoridades.

Por eso, Garpar Polanco, que era una analfabeto y hombre de acción, y que de diplomacia no sabía nada, interpretó que Pepillo Salcedo, como presidente, había cometido actos de traición a la Patria. Terminó fusilándolo. Para ejecutarlo, obviamente, tuvo el apoyo de otros generales.

La Segunda República que inauguramos con la salida de las tropas españolas de nuestro territorio, a partir del 1865, estuvo plagada de autoritarismos, asesinatos, oportunismos, ventajismos, generales montoneros y golpes de Estados continuos, con la consigna de “abajo el que suba”.

Eso facilitó, junto a la incapacidad, irresponsabilidad y ambiciones personales desmedidas de nuestros dirigentes, incluyendo a Horacio Vásquez y Desiderio Arias, que los Estados Unidos de América (EUA) ocuparan nuestro país en el 1916.

EUA se justificaron diciendo que era para poner orden y paz, y para hacer respetar la Convención del 1907. Pero la verdad era que necesitaban afianzar su hegemonía, disponer de tierras para producir azúcar y carne vacuna. Luego venderían con grandes beneficios esas mercancías en Europa, que se desangraba en la Primera Guerra Mundial.

La resistencia patriótica de los llamados gavilleros del Este, fue firme, pero sin posibilidades de victoria. Los ocupantes crearon la escuela de servidumbre y cobardía. Y la mayoría de nuestros dirigentes fueron buenos alumnos de ella.

Creían que así obtendrían como favores lo que no eran capaces de arrancar como derechos.
Ocho años después, en 1924, los estadounidenses entendieron que ya tenían las bases echadas para seguir dominando el país sin necesidad de su ejército, y procedieron a suscribir el tratado evacuación. Dejaron muchos dominicanos entrenados para gobernar por y para ellos.

Rafael Leónidas Trujillo Molina, por las incapacidad de Horacio Vásquez, fue la estrella del servilismo, de la corrupción, de los crímenes y de las depravaciones de esa ocupación.

Hasta los más ilustres intelectuales, como Manuel A. Peña Batlle, Fernando Arturo Logroño Cohén, Joaquín Balaguer y demás flores aromáticas, se plegaron. Se justificaron con la teoría de la necesidad del hombre fuerte, capaz de dirigir la nación. Así obtuvieron favores, en lugar de derechos.

Y con esos antecedentes, como polvos que trajeron estos lodos, el pueblo vive del asistencialismo, sin solidaridad. Para todo, seguimos esperando favores. Aquí no hay meritocracia ni se ejercen derechos.

El Nacional

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