La queja que externaron los dirigentes de varias asociaciones de propietarios y chóferes de minibuses que ofrecen servicio de transporte desde la zona del Puente de la 17, hasta el kilómetro 9 de la autopista Duarte y La Feria, zona impactada por la segunda línea del Metro de Santo Domingo y recogida por Ruddy Germán Pérez, el pasado miércoles 3 de este mes en un reportaje publicado en este diario, debería llevar a ese sector, en todo el país a entender que forman parte de un segmento de la economía al que llaman de servicios, que ellos venden ese servicio a una ciudadanía a la que deben tratar como un cliente y no como a un azaroso peatón.
De acuerdo con la crónica de Ruddy, los dirigentes de los gremios dijeron que en tres días de operaciones de la segunda línea del Metro, el flujo de pasajeros en sus unidades había caído en un 80 por ciento. El porcentaje, ofrecido por ellos obviamente que tuvo la intención como fue evidenciado también en la parte de sus declaraciones donde hacen un recuento de sus gastos diarios, de aparecer ahora como víctimas.
Ahí es donde queremos llamar la atención de los dirigentes y miembros de las asociaciones de conductores, ellos no son víctimas de nada.
Decir ahora, con una humildad que podría hacer llorar a cualquiera, que esperan que el Gobierno los compense por los beneficios que dejarán de obtener, es además de una vagadundería una falta de respeto a una ciudadanía que durante décadas ha sido víctima de sus desmanes, fanfarronadas y poco criterio ético para participar en un negocio tan lucrativo como es el de transporte de pasajeros. Ellos mismos indicaron que deben buscar unos tres mil 500 pesos diarios para cubrir sus gastos operativos, lo que indica que si esa cifra es sólo para cubrir gastos, deben tener un ingreso muy superior para poder satisfacer sus necesidades y las de sus familiares, a las que ahora se apegan.
Hace unos años, durante una conversación con uno de los dirigentes del transporte de pasajeros, les advertíamos que cuando se iniciara en verdad el proceso de reordenamiento del transporte de pasajeros en el país, pero sobre todo en el ahora llamado Gran Santo Domingo, ellos caerían y que eso no sería lo peor, sino que no encontrarían apoyo en ningún sector sensato de la población, debido al simple hecho de que ellos no han respetado a nadie.
Cuántos ciudadanos no han perdido la vida, resultado heridos en muchos casos con mutilaciones y deformaciones permanentes, debido a accidentes provocados por conductores que han andado por las calles echando carreras.
Quién sabe que cantidad de ciudadanos ha resultado con guallones; embarazadas afectadas en su delicado estado, personas mayores con la presión alta o escolares horrorizados, debido a la práctica de las voladoras de no detenerse a montar y desmontar pasajeros, sino de recogerlos y tirarlos como si estuvieran jugando pelota.
Peor aún, los usuarios del transporte que venden estos ciudadanos, deben diariamente soportar sus insultos, sus insinuaciones de peguense como anoche que refleja la prepotencia de llevar más pasajeros de los que el vehículo soporta ante la impotencia de quien paga por ese servicio al no tener una alternativa.
Pero además, cuantos miles de propietarios de vehículos privados no han sido víctimas de los transportistas con sus vehículos destrozados y sin la posibilidad de hacer ningún reclamo, ya que en la mayor parte de los casos carecen de documentación y seguros. Amen de que en medio de una discusión no reciban un tiro o un machetazo.
Los dirigentes del sector transporte han hecho sus desmanes por décadas debido al hecho simple de la carencia de una política de Estado dirigido a dar a la población un servicio alternativo al de ellos. Ahora la situación ha cambiado, por lo menos los residentes en los sectores impactados por el Metro tienen ahora una alternativa: segura, cómoda y barata.
Qué harán ahora los dirigentes del sector de transporte de pasajeros que ofrecen un servicio malo, inseguro y caro.?
Llorar como indigentes no les servirá de nada. Carecen actualmente de presencia política que les permita utilizar la debilidad del sector transporte en general como mecanismo de presión ante las autoridades. Apoyo político: hasta Juan Hubieres forma parte de la comisión de la Cámara de Diputados que estudia una nueva ley de ordenamiento del transporte.
Boicotear el Metro?: Cómo? Si después de lo ocurrido con la segunda línea, la demanda de las comunidades que todavía tienen que usar sus servicios será para que las autoridades prioricen la construcción de las líneas que faltan, esto, ya que independientemente de su costo, la sociedad ha comprendido que es una alternativa junto a las llamadas rutas alimentadoras.
Lo otro sería una toma de conciencia de que el transporte es un servicio vital y lucrativo, como lo han demostrado decenas de empresas que prestan ese servicio, incluso algunas organizadas como sindicatos, compitiendo entre ellas y dando a la población un servicio de calidad.

