Quizás cuando este artículo salga a la luz pública, se habrán cumplido 101 años del asesinato del presidente Ramón Cáceres Vásquez. Dada la importancia de la efeméride, considero oportuno insistir en algunos conceptos, para que la juventud conozca la dimensión histórica de ese hecho que conmocionó a la sociedad de entonces.
El presidente Cáceres atrapó la heroicidad como por arte de magia. Aquella soleada tarde del 26 de Julio del 1899, al dar muerte al legendario presidente y dictador Ulises Heureaux, y ni siquiera por instinto sabía, que acababa de eliminar físicamente, a quien estaba sustituyendo a la clase social gobernante que nuestra sociedad no había producido.
El presidente Cáceres, mejor conocido como Mon, era de agudos instintos, sin embargo, nunca llegó a comprender, que él era el instrumento político, de una coyuntura política, en un país con un atraso en todos los órdenes de la vida social y quizás esto lo llevó a gobernar con mano férrea.
Justo es decir que siempre manejó los recursos del Estado con honestidad y pulcritud. Sin dudas que la sociedad dominicana encontró en Mon Cáceres el instrumento que iba a intentar detener todas las inconductas de unos actores políticos que se movían en una sociedad anacrónica, atrasada y lejos de todas las normas sociales civilizadas.
Con el ajusticiamiento de Lilis en Moca, en casa de Jacobo de Lara, se abriría una caja de pandora que desataría con furia incontenible los deseos de una pequeña burguesía que buscaba espacios de poder, sin más reglas de juego que la violencia. La misma forma en que Cáceres llegó a la Presidencia de la República, ilustra claramente el estado de anarquía que vivía la sociedad dominicana.
El antiguo sacerdote Carlos Morales Languasco, quien fungía como presidente, cometió la triste ridiculez de darse un autogolpe de estado, dándole paso a Cáceres, quien a la vez fungía como vicepresidente, en representación del horacismo. Los historiadores están contestes en que Cáceres tomó algunas medidas represivas, pero también coinciden en que, dada la situación de caos y anarquía en que vivía la sociedad de entonces, pocas eran las opciones del gobernante, quien había asumido el 12 de enero de 1905.
Al presidente Cáceres le cupo el deshonor de dar continuidad a las negociaciones que llevarían al país a la oprobiosa y tristemente recordada Convención Dominico-Americana, poniendo en juego nuestra soberanía y dando inicio al pretexto de intervención del año 1916.
Han pasado ya 100 años de la muerte del presidente Cáceres a manos de Luis Tejera, y todavía la pequeña burguesía busca afanosamente espacios de poder sin reparar en lo ético.

