El Estado nacional debe su existencia a las luchas entabladas para preservar el territorio desde el siglo XVII hasta hoy, a las jornadas contra las pretensiones francesas de apropiarse del mismo, contra las intenciones Inglesas de conquistar la isla para establecer una avanzada que luego tomaría todo el Caribe como pretendía Oliverio Cromwell al organizar y enviar la expedición de Penn y Venables, contra la dominación gala, expresada en la resistencia nacional antifrancesa para que no se apropiara de extensas zonas y en la lucha entre 1808 y 1809, contra la situación general de miseria tras la reincorporación a Estaña entre 1809 y 1821.
El pueblo nación se expresó contra las dominación haitiana en 1823 en San francisco que se extendió por todo el Cibao, y luego en rebelión de Los Alcarrizos en 1824 y más tarde en Santiago en 1828; se organizó políticamente desde 1838 y desplegó acciones propagandísticas que culminaron .en las jornadas por la independencia nacional en 1844; momentos estelares vivió el colectivo nacional al enfrentar y derrotar las pretensiones de la elite haitiana de reconquistar el espacio geográfico, asiento de la nación dominicana, a lo largo de cuatro campañas militares (1844-1856) que sirvieron para reafirmar y preservar la independencia y poner en evidencia la inconsistencia de la elite de origen colonial, que nunca creyó en la viabilidad del proyecto de nación pero que se ha apropiado de los resortes del Estado y ha vivido de ello desde entonces.
Pocas veces un colectivo ha respondido como lo hicieron los pobladores del Cibao frente al gansterismo del presidente Báez de adquirir fraudulentamente las cosechas de tabaco a los productores y “pagarlas” con dinero falso y luego venderla en el extranjero obteniendo pingues beneficios a costa del trabajo ajeno.
La respuesta popular consistió en levantarse en armas y desconocer al gobierno y después crear un gobierno paralelo, fomentar una rebelión nacional y convocar una constituyente que, ahora sin el control de los elementos conservadores, produjo la Constitución más avanzada del siglo XIX. Destaca el hecho de que hubo plena conciencia sobre qué hacer y se hizo al dotar al país de una nueva constitución cónsona con la corriente política más avanzada en América en ese entonces: liberalismo. Ese episodio puso en evidencia las fortalezas de quienes pugnaban por la viabilidad de la república y las debilidades de los anexionistas.
Tras la acción del caudillo Santana, de entregar en anexión el suelo patrio a un poder colonial en 1861, de nuevo se levantó desafiante el movimiento nacional popular y en desigual condición de avituallamiento, enfrentó y derrotó militar y políticamente, en la Guerra Restauradora, (1863-1865) la acción de la élite y de sus protectores colonialistas. Esta epopeya se libró en todo el espacio nacional, participaron todas las clases sociales y es la más larga que registra el decurso histórico del pueblo dominicano.
La Restauración de la soberanía nacional es mentís categórico a las burdas afirmaciones de los haitianofilos que afirman que la independencia fue fruto del racismo, pues los españoles eran blancos y se combatió contra ellos con igual firmeza que contra los ingleses y franceses que también eran europeos blancos y se les enfrentó y derrotó, sin mirar el color de su piel. Ese factor nunca ha menguado las acciones bélicas del elemento popular en las lides anticolonialistas ni en las pretensiones de apropiarse del territorio nacional y sus recursos.
Luego, cuando la dictadura entreguista de Buenaventura Báez (1868-1874) planteó anexar el país a Estados Unidos, de nuevo la respuesta de las masas fue la guerra, liderada por Luperón y Cabral, que aprovechando las contradicciones entre los poderes ejecutivo y legislativo de Estados Unidos por establecer de quién era la potestad sobre la política exterior de su país, actuaron eficientemente contra el proyecto entreguista, haciéndolo abortar y con ello le confirieron otra victoria al pueblo-nación y desterraron por siempre el fantasma del anexionismo.
Debemos apuntar que es un error político la discusión sobre cuál fue la verdadera independencia, si la de 1844, la de 1865, o la de 1874; pues todas son parte de un largo proceso de toma de conciencia sobre la identidad nacional y de lo que ello comporta. Son momentos constitutivos del Estado- Nación.
Hay que enfatizar que en cada epopeya lo que ha movido la acción colectiva es la defensa a sus intereses individuales, comunitarios y nacionales entendidos como tales y defendidos por igual frente a británicos, galos, hispanos, haitianos y yankees. No se les ha rechazado nunca individualmente, se les ha combatido en tanto integrantes de tropas beligerantes que persiguen objetivos políticos anti nacionales y como proyecto estratégico de convertirse en minoría nacional sujeta a reclamaciones jurídicos posteriores.
Por eso se acepta la incorporación a la vida nacional de quienes se quedaron individualmente en el territorio luego del fracaso infligido a la invasión de William Penn y Robert Venables en 1655.
Lo mismo cuando se hizo añicos lo que quedaba de las tropas napoleónicas, encabezadas por Louis Ferrand en Palo Hincado en 1808 y se repitió con los españoles que quisieron venir a residir al país luego de la victoria de las armas nacionales en 1865. A los haitianos que participaron junto al pueblo dominicano en la lucha contra la dominación, por igual se les acogió y han vivido en el país. ¿Dónde está pues la xenofobia del pueblo dominicano que alegan los que hacen causa común con la trama anti nacional?.
Vale reseñar que, en las epopeyas en defensa del territorio, la población y sus recursos, el protagonista ha sido el campesinado analfabeto, continuación histórico-social del largo proceso de campesinizacion que venía gestándose desde mediados del siglo XVIII en el Cibao y que se generalizó a lo largo de los primeros años del siglo XIX constituyéndose en sujeto activo de la defensa de su condición social de hombre libre y garante de las luchas de los patriotas por la soberanía.
El pueblo-nación, con sus ciudadanos más dinámicos vive al asecho de las tramas para hacer abortar las estocadas latentes contra los espacios democráticos conquistados por los Movimientos Sociales y agrupaciones políticas en distintas jornadas cívicas a lo largo de la historia nacional.
La conciencia nacional está despierta y atenta frente a la embestida para que Rep. Dom. sea atajadero y receptora de haitianos que desean llagan a Martinica, Guadalupe y Guyana francesa o establecerse aquí. La nación está muy alerta a las pretensiones de transnacionales que apuestan a la fusión para lidiar ventajosamente con un solo negociador para explotar los recursos del subsuelo. Y lo mismo vale frente a la labor de zapa de ONGs, sospechosamente alimentadas con dinero del erario que difaman a la nación.
Todos los ejércitos invasores necesitan de la represión y la ejercen sin miramientos y también de acciones positivas que les ganen adeptos en la población del país ocupado. En atención a ello todos los imperios coloniales e imperialistas, construyen y adoptan medidas que pueden ser catalogadas de positivas, pero solo cuando las mismas sean orgánicas a su proyecto de dominación y control. En esa lógica requieren establecer una base de apoyo político y social que permita generar legitimidad a su dominación.
Los ocupantes de 1916, desplegaron amplio programa de obras físicas e institucionales. Pero no fueron motivadas por amor al pueblo, nada de eso. Su programa se explica porque viabilizaban el control sobre de la Formación Social Dominicana, eran obras consustanciales a su proyecto estratégico, trabajaban para adecuar el país a sus necesidades. Los españoles en 1861crearonn El Bando de Policía, muy necesario para el país dado el caos reinante. Pero a lo que aspiraban era a controlar el país, mediante la creación de un orden controlado por ellos. Los haitianos liberaron a cerca de nueve mil personas que aún permanecían como tales.
Muy Plausible. Pero, ¿cuál era el objetivo político de esa medida? Pues, agenciarse una base de apoyo popular que respondiera a sus propósitos de mediano y largo plazo.
Apoyar las acciones positivas de cualquier invasor, es legitimar sus intenciones estratégicas. desde luego si usted es tan ciego que no puede ver intencionalidad política en las actuaciones que quienes han venido como invasores al país, es su problema y si quiere apoyarlos, bien por usted. Pero no crea que esa postura xenofilica va a ser aceptada por quienes ven el propósito geoestratégico de las medidas en cuestión.
Al reafirmar la vocación de lucha por la defensa de la identidad cultural, la soberanía y el derecho a aparecer frente al mundo como pueblo libre y perseverante por ampliar los espacios democráticos, rendimos homenaje a la larga tradicional de combate del pueblo-nación dominicano. Los enemigos del legado de los fundadores, no pasaran.
Por: Dantes Ortiz Núñez

