MËXICO, 09 Nov 2012 (AFP) – La reforma laboral de México, aprobada el jueves en la Cámara de Diputados y enviada al Senado, pasa por un tortuoso y polémico proceso que según los expertos, implica a la vez el deterioro de la imagen del nuevo gobierno y el triunfo de un acuerdo entre partidos de derecha.
En el aspecto político, la reforma propuesta por el presidente saliente Felipe Calderón pretendía democratizar y regular la vida interna de los sindicatos, aliados históricos del Partido Revolucionario Institucional (PRI), al que pertenece el presidente electo, Enrique Peña Nieto.
«Uno puede pensar que con ello Calderón quiso retar al PRI», cuestionar las promesas de democratización que Peña Nieto expresó a lo largo de su campaña, opinó Marcela Bravo, del Centro de Estudios Políticos de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).
Pero la reforma -que en el aspecto económico busca abaratar la mano de obra mexicana- ha sufrido una serie de modificaciones, y fue aprobada el jueves precisamente sin las disposiciones que obligaban a los sindicatos a elegir por voto libre, directo y secreto a sus líderes, y a rendir cuentas sobre sus finanzas.
Esto se logró gracias a una mayoría conformada por el PRI, el Partido Acción Nacional (PAN) -de Calderón-, el Partido Verde y el Nueva Alianza, éste último fundado por Elba Esther Gordillo, líder histórica del sindicato de maestros, uno de los más poderosos de Latinoamérica.
«A mí no me cabe la menor duda de que esta reforma laboral es un acuerdo entre Calderón y Peña Nieto (…) Comparten un costo político, pero el beneficio al final de cuentas es para ambos», aseguró Maria Xelhuantzi, profesora de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM.
Según ella, «los partidos han calculado muy bien el costo político»: El PAN soportó la amputación de su reforma, mientras que el PRI pone de manifiesto sus alianzas con los sindicatos, comprometiendo la imagen de democracia que busca vehicular Peña Nieto.
La sociedad mexicana es sensible a las «relaciones corporativas y clientelares que ha establecido (el PRI) desde siempre con los distintos sindicatos», cuya reputación «está realmente en entredicho», aseguró René Torres, coordinador de Ciencias Políticas y Administración Pública de la Universidad Iberoamericana.
Además, subrayó el politólogo, la reforma «va en detrimento de una serie de luchas sociales» a favor de los trabajadores, razón por la cual los partidos de izquierda, encabezados por el de Revolución Democrática (PRD), la rechazan.
Pero el PRI y el PAN salen ganando al lograr su objetivo de flexibilizar del mercado laboral, a través de facilidades para el despido, nuevas formas de contratación como períodos de prueba de 180 días, pago por hora y la legalización de la subcontratación.
Apuestan a tener el beneplácito de los empresarios «aunque el efecto social en los trabajadores sea devastador», explicó Xelhuantzi. «Esto no es nuevo, en México esto ha sido la constante en materia laboral: acuerdos entre los grandes grupos oligárquicos», aseguró.
Para la profesora de la UNAM, Peña Nieto es el más interesado en esta reforma laboral. «En su reciente gira por Europa, él hablaba como si ya la reforma se hubiera aprobado (por ambas cámaras), ya la daba por un hecho, hablando de que en México hay condiciones muy flexibles para el trabajo».

