Relata brevario avatares de vida



En un folleto de 115 páginas, Rafael Leónidas Trujillo Martínez (Ramfis) relata al coronel de la Aviación Militar Dominicana (AMD), Luis José León Estévez, avatares relevantes de su vida, con la sensación pertinaz del lector de que trataba a un latente paciente psiquiátrico que el exceso de mimo de su padre, el dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina, que deformó y oxidó desde su temprana edad.

En un aporte más de Letragráfica que dirige el historiador Orlando Inoa Bisonó, edita este opúsculo “Yo, Ramfis Trujillo”, que conforma un breviario de su vida, destacando amoríos y juergas desenfrenadas, omitiendo, extraño, su afición al polo, en donde obtuvo tres goles de hándicap de diez la cota; su rol organizando la más poderosa fuerza aérea del Caribe; su fugaz dominio absoluto del país tras el ajusticiamiento de su padre el 30 de mayo de 1961; el asesinato de los héroes del 14 y 19 de junio y muchos conspiradores de enero 1961, y los conjurados del magnicidio del tirano y al final, su subrepticia salida del país el 19 de noviembre de 1961 para no retornar jamás.

Esta obra recuerda al autor de este trabajo que es un símil del Diario de Cristóbal Colón, que no fue escrito por el nauta más referencial que conoce la humanidad, sino que fue dictada a su hijo Luis, en este caso, un sesgado testimonio de Ramfis a su cuñado y gran confidente muy querido por él, Luis José León Estévez, otro paciente psiquiátrico que terminó su vida suicidándose.

Se advierte una notoria manipulación, relatos convencionales, a medio talle, del decir de Ramfis a León Estévez, excluyendo la versión exacta de muchos episodios, omitiendo grandes aspectos que hoy son de pleno y certero dominio del país mediante las explicaciones correctas de historiadores y personas allegadas a la tiranía que por 31 años sojuzgó las libertades pública y permitió al déspota forjar la más impresionante fortuna hasta entonces del país estimada en unos RD$700 millones que eran US$700 millones, fundamentalmente en bienes raíces que originalmente despojó a sus legales propietarios y empresas que luego estructuraron a CORDE y que el presidente Joaquín Balaguer dilapidó y despanzurró.

Empieza admitiendo el consentimiento excesivo de El Jefe a su hijo varón primogénito, designándolo coronel de las Fuerzas Armadas a los ocho años, y aunque dice que su padre era enérgico en estructurar su educación, la versión se diluye cuando precisa que la Universidad de Santo Domingo (UASD), le confirió un magna cum laude en leyes, que admite inmerecido porque no estudió ni para graduarse con notas satisfactorias.

Idéntico aconteció con el fallido intento de graduarse de Estado Mayor en la escuela militar de Fort Lavenwort, Kansas, que incumpliendo la asistencia correcta, se le expidió un vacío certificado de inscripción, porque el tiempo de estudios, confiesa, lo distrajo en cortejar a luminarias de Hollywood de entonces como Zsa Zsa Gabor, Kin Novax y Joan Collins, obsequiándoles carros caros y abrigos de visón, y radica sus amoríos, página 30, con Josefina, Yuni, Dolly, Raquel, omitiendo el sostenido con su esposa Octavia Ricart y con Dinorah, designando inclusive con su nombre al revés, Haronid, un establo de caballos de carrera, por lo que Ramfis, igual que hacia los perros alemanes y Doberman, sentía una gran pasión, en contraste con la incompasión que demostró con los enemigos de su progenitor.

Nombra, página 30 a su perro Adonis y su yegua Sombra, derrotada reiteradamente por la yegua Dicayagua, propiedad de Benigno Pérez Martínez, español radicado, y como Dicayagua, líder del Perla Antillana, un día apareció misteriosamente muerta.

Comprobando así mismo su mediocridad como militar y nulidad para ejercitar la política, Ramfis fue presa de profundos traumas psíquicos que inclusive fueron tratados por renombrados especialistas en conducta humana de España y Suiza, que omite, y en gran parte con los permanentes espejuelos negros MacArthur, trataba de esconder esas lacras psicológicas que le atormentaron y le condujeron a excesos censurables como eliminar a muchos expedicionarios de Constanza, Estero Hondo y Maimón del 14 y 19 de junio de 1959, alegando que ingresaron al país para asesinar a su padre y a él, una versión irreal y falaz del motivo real de los héroes de esa gesta inmortal.

En idéntica actitud Ramfis confiesa que procedió con los conjurados del magnicidio, asesinándolos a todos dice, que con el revólver de su padre en hacienda María, una de las numerosas residencias del déspota, que siempre portaba dos revólveres calibre 38, su arma predilecta, porque afirmaba no se “trancaban” como las pistolas, además que esos dos revólveres desaparecieron justo luego del magnicidio y fueron posterior vendidos a precios increíbles.

UN APUNTE

La confesión

Ramfis confiesa, página 26, que nació de relaciones fuera de matrimonio de su padre con su madre, María Martínez, nacionalidad española, de oficio mecanógrafa, sin precisar que fue en el ingenio San Luis, y ese hecho, aunque omite, inició el ciclo depresivo y de notorios complejos de inferioridad que psicológicamente lo marcaron y le acosaron como un invisible tábano, además de enterarse de las versione falaces de que su padre no fue El Jefe, sino un señor alegadamente cubano, o Atilano Vicini, pero igual, lo mortificaron.

En tanto en la página 30 nombra a los grandes ases del aire de la Aviación Militar Dominicana, Andrés Rodríguez Méndez, Juan Antonio Minaya Fernández, quizás al que demostró mayor afecto, Miguel Atila Luna, Raymundo Polanco Alegría, y los hermanos Pedro y Santiago Rodríguez Echavarría, omitiendo a Marino Polanco Tovar, Nelton González Pomares, Rafael Reyes Jorge, Amancio Hernández y a otros aviadores.