Memorias de una Dama, de Santiago Roncagliolo es libro insultante, en el que el autor irrespeta y desprecia nuestro país. Sin justificar que haya sido proscrito, no veo para qué afanarnos en leer tal despropósito.
Ya habíamos sido objeto del insultos, ingratitudes y mayores irreverencias por parte de otros peruanos que, como este Roncagliolo, juegan a cebarse en una pequeña media isla que no tiene mayores culpas históricas que la de haber sido el primer faro de luz para todo el continente.
El autor vino a nuestro país a sacarnos la lengua. De ese modo hacía coro con su compatriota Mario Vargas Llosa, escritor insufrible cuyos libros prefiero tener fuera de mi alcance, a no ser que tenga la necesidad de combatir el insomnio.
Estos dos bardos, uno, un incurable beodo y el otro más aburrido que un ganso, no se cansan de burlarse de los dominicanos, confundiendo nuestra sencillez y hospitalidad con ignorancia y apocamiento.
Cuenta Roncagliolo en este desaguisado, titulado Memorias de una Dama, que su compatriota Vargas Llosa le recomendó encarecidamente no hablar de la República Dominicana en el libro y presentar a Diana Minetti, personaje principal de la novela, como cubana, todo esto si quería que se vendiera o conseguir un buen editor.
Revela que el autor de la Fiesta del Chivo opina que el nuestro es un país sin importancia, mostrando así un irrespeto y desprecio, ganado acaso por el trato que le dispensado.
De insultos al país y a varias familias, rellenos inútiles, lugares comunes, formas trilladas y una megalomanía pesada, está plagado este libro. Alfaguara le hace un gran favor al país al no traerlo. Esa editora, que goza de tanto prestigio y lectores en mercado local, nos debe, más bien, un desagravio por haber publicado esa basura llamada Memorias de una Dama.

