Señales y ruidos



ORLANDO-JORGE-MERA

Se ha aperturado la precampaña electoral, por primera vez en la historia, bajo la aplicación de la ley de partidos No. 33-18 y la ley electoral No.15-19. Igualmente, estamos estrenando las primarias simultáneas, unas con padrón cerrado y otras con padrón abierto, que serán celebradas el 6 de octubre, bajo la administración de la Junta Central Electoral. Estamos haciendo camino al andar. Algunos son protagonistas de primer plano de este novedoso proceso, y otros son espectadores que observan las señales y los ruidos que provoca un sistema democrático que necesitan con urgencia de su oxigenización y de su renovación.

El editorial de “Hoy” del martes 9 de julio de 2019, lo describe genialmente: “República Dominicana vive en una dramática expectativa porque se pretendería reformar la Constitución que a todos rige , un paso de trascendencia jurídica, política e histórica que no puede devenir de inapelables propósitos unilaterales. Han situado a la nación en sobresaltos, pendiente de una posible carrera desde la discrecionalidad de aposentos hacia modificar la Carta Magna solo para la autoprolongación por segunda vez de quienes ocupan el Poder a contrapelo de las opiniones de importantes sectores y la preocupación porque seguiría vigente el método de la imposición mecánica en el Congreso al que sumarían adhesiones de último momento”.
Los ruidos que ha traído la cúpula del PLD han destruido lo poco de democracia que queda, y por ello, muchos ya hablan de signos de autoritarismo y dictadura. La reelección ha sido, sin dudas, funesta para la alternabilidad democrática, habiendo tenido efectos nocivos en la institucionalidad. No hay separación de poderes, ni independencia de poderes, porque la cúpula del PLD se ha apoderado de todo. En esto, son responsables la cúpula del PLD, los de antes y los de ahora, tras casi 20 años de administración de gobiernos que han patrocinado la corrupción y la impunidad.
Ante ese panorama, resurgen las señales que nos trae la oposición política, que, por primera vez, se escenifica con claridad en el PRM, partido que tiene la voluntad de enfrentar a la cúpula del PLD, y que tiene la alta responsabilidad de renovar y oxigenar la escasa democracia dominicana. Ante el ruido de la corrupción y la impunidad, el PRM se contrapone con el cambio, con el compromiso de sancionar la corrupción de ayer, hoy y mañana. Llegó la hora de ponerle fin a la impunidad, con jueces y fiscales independientes.

Es hora por tanto de transformar lo que queda de democracia en democracia deliberativa y democracia con representación. En 2020, es la gran oportunidad para el cambio político. Para tener en el Congreso, la diversa representación que nos permita luego reformar e introducir los cambios que necesita el pueblo dominicano.