Ante la efervescencia social que ha provocado el escándalo de Odebrecht y otros casos de corrupción que se ventilan en la Procuradoría General de la República, el presidente Danilo Medina ha optado por guardar silencio y ha respondido intensificando sus labores en proyectos diseñados por su gobierno. Pienso que hasta el momento ha sido un silencio prudente, pues en la actual coyuntura política, cualquier pifia profundizaría la ofensiva de sus adversarios políticos y claro está, provocaría una mayor indignación del pueblo dominicano.
Los trabajos literarios de Joseph Antoine Toussaint, sobre el arte de callar y el silencio, establecen que callar es una categoría histórica, pero también lo es: hablar en el momento oportuno. Muchos son los casos en que a través de un calculado silencio, figuras históricas han logrado éxitos de mucho valor político. El caso de José Fouché, que es a quien se refiere el doctor Balaguer cuando decía estar sordo, ciego y mudo, es un caso excepcional, pues supo» coserse» los labios cuando entendió que Maximiliano Robespierre podía aplastarlo. Pero esos mismos labios supieron lanzar estentóreos discursos para llamar criminales a los aristócratas de Lyon. Es elemental: hay un tiempo de callar, pero existe uno para hablar y saber cuando hacerlo, es algo que requiere de genialidad política.
El presidente de la República y sus asesores sabrán cuando hacerlo. Y cuando se decidan, considero que el jefe del Estado deberá acompañarlo con algunos decretos de destitución que la nación espera anhelosamente. Tengo la intima convicción, de que quien »traicionará» a Danilo no será Odebrecht, sino aquellos que aspiran a sustituirlo dentro de su partido. Y eso no es de extrañar. Ya don Juan Bosch nos había enseñado que la política era una serpiente venenosa, que a veces mordía a su propio dueño.
El silencio ha sido usado por grandes genios exitosamente. Francois René De Chateaubriend recuerda en sus »Memorias de Ultratumba, que Napoleón una vez insultó públicamente a Talleyrand con estas palabras: » Usted es un montón de estiércol forrado en una media de seda». Talleyrand se limitó a responder: » Qué pena que un hombre tan grande sea tan maleducado.». Y en lo adelante, se aferró a un calculado y fingido silencio para sacar de circulación al vencedor de Marengo y hacerse »amo» de Europa en el Congreso de Viena.
Pienso que Danilo Medina le hablará al pueblo dominicano cuando tenga que decir algo que supere el valor de su silencio. Ojalá, insisto, en que cuando lo haga, relance su gobierno y su mejor ficha es: asegurar inequívocamente que en agosto del 2020 se ira a su casa, habiendo cumplido con su deber. Eso superaría en valor su silencio, pues crearía un estado de distensión a lo interno del PLD

