Había una vez un mundo en el que la felicidad del hombre provenía de la divinidad. A su muerte, el premio a su buena conducta consistía en la felicidad eterna en el paraíso celestial. El castigo, a la eternidad del infierno. Mujeres incluidas.
Pero resulta que por los 1700 llegaron unos pensadores y empezaron a decir que no, que la razón del hombre era capaz de construir un mundo terrenal, que era posible explicarlo eliminando las relaciones divinas como fuente del conocimiento y también era posible la búsqueda terrenal del bienestar y la felicidad. A eso se le llama la Ilustración o el Siglo de las Luces.
Esas ideas cambiarían una parte del mundo y comienza a predominar en todas las áreas de la convivencia humana. En la Declaración de Independencia de Estados Unidos se estableció como derecho inalienable the Pursuit of Happiness (la búsqueda de la felicidad). Por supuesto, aún quedan las sociedades en donde lo divino es el centro de la vida terrenal. No han llegado a las luces todavía. Por eso le llaman oscurantismo.
En la actualidad parecería que es el tiempo de las emociones. Y también llegan unos señores pensadores a proponer la transformación del presente. Estas ideas y pensamientos comienzan a influir en la convivencia humana a través de las políticas públicas de los gobiernos y del manejo de los recursos humanos en las empresas. Surge la inteligencia emocional y el couching en procura de tomar en cuenta las emociones de los empleados para lograr una mayor productividad empresarial.
Por el lado de las políticas públicas un buen ejemplo es La Conserjería de Igualdad de la Mujer de la Junta de Andalucía que ha dado a conocer un manual de instrucción para que las mujeres aprendan a masturbarse. Dice el manual que la masturbación no tiene ningún problema y no vuelve loca a la que lo practica. ¿Qué será lo que vuelve loca a las mujeres?
Recientemente el presidente dominicano Leonel Fernández ha advertido que el mundo está ante una crisis de civilización como la antesala de un proceso de destrucción creativa para generar la transformación radical que el mundo reclama.
¿Tiempo de las emociones?

