Se acercan las elecciones presidenciales, y otra vez la convocatoria a convención en el PRD genera incertidumbre en la sociedad.
Al parecer, en el partido blanco la evolución es muy lenta y, en cada proceso, la dirigencia repite los mismos errores del pasado; es como si se tratara de un laberinto del que no pueden salir.
El interés de la mayoría de aplastar a la minoría se podría convertir en la espada de Damocles para un partido que marcha de derrota en derrota. Esa es una advertencia que vale por igual para Miguel Vargas Maldonado, Luis Abinader e Hipólito Mejía.
Los que ostentan la mayoría en el PRD no deben olvidar que, como el rey Diniosio II, de Siracusa, su poder pende de un pelo de una crin.
El PRD por sí sólo nunca ha podido concitar el respaldo de la mitad del electorado, lo que lo obliga no sólo a concertar, sino a acudir unido a los procesos electorales.
Ni siquiera José Francisco Peña Gómez, Juan Bosch y Joaquín Balaguer pudieron concitar, de manera individual, el voto de la mitad del electorado. De modo que los que tengan en agenda aplastar a la minoría estar condenándose a seguir en la oposición.
En esta oportunidad, la candidatura presidencial para el 2012 estará representada por Maldonado, Abinader y Mejía. Uno de ellos será el ganador y si no logra el respaldo de los otros dos, podemos vaticinar que terminará siendo un perdedor.
La forma soez en que intercambian opiniones los dirigentes de los grupos de Miguel e Hipólito, en nada ayuda al PRD. Contrario al licenciado Abinader que mantiene un perfil bajo, pero de respeto a sus adversarios, a los principios perredeístas y al pensamiento de Peña Gómez.
Eso lo coloca en cierta ventaja ante la opinión pública y los militantes del partido blanco que no están acostumbrados a los dimes y diretes de los dirigentes tradicionales.

