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Tras pasaje de Sandy, Cabo Haitiano bajo el lodo por tormentas   

Tras pasaje de Sandy, Cabo Haitiano bajo el lodo por tormentas   

 CAP-HAITIEN, Haití, 12 Nov 2012 (AFP) – Yves Bien-Aimé, un sastre haitiano, intenta recuperar algunos muebles de su taller de costura que permanecen enterrados bajo tierra: dos semanas después del pasaje del huracán Sandy, las lluvias torrenciales convirtieron al Cabo Haitiano en un cementerio de barro.

Los pedidos fueron barridos, todo es irrecuperable», se lamenta el artesano, con una pala en la mano para desenterrar los restos de su tienda.

El jueves por la noche, las lluvias torrenciales causaron una veintena de muertes y dañaron a la segunda ciudad del país. En varias zonas, como el barrio La Fossette, las casas permanecían bajo el lodo y las escasas pertenencias de las familias pobres han sido arrastradas.

«No teníamos nada y lo hemos perdido todo», resumió Rochenel Cinéus, un padre de familia de 36 años, que ha dormido en la calle con sus tres hijos desde las inundaciones.

En otro barrio, «An ba ravin’n» («sobre el barranco»), los residentes luchan contra los flujos de agua, tierra y residuos que fluyen por las laderas y devastan los tugurios construidos unos sobre otros.

Las mujeres lavan allí montones de ropa en grandes palanganas. Al lado, un hombre intenta desenterrar libros.

«Mis zapatos, mi uniforme y mis libros se han perdido», explica Peterson Enelus, un escolar de 12 años, en calzoncillos delante de una fuente de agua.

La escuela secundaria Philippe Guerrier, una enorme construcción que alberga a más de 6.500 estudiantes, también fue dañada y su director, Michelet Saintilus, llevó a los trabajadores a limpiar los salones inundados.

«Intentaremos renaudar los cursos tan pronto como sea posible», prometió. Para él, hacen falta medidas para frenar las construcciones sin control que ponen a la ciudad en peligro.

«Este es el inicio de una catástrofe. La ciudad del Cabo Haitiano es muy vulnerable, es necesario un Estado fuerte capaz de tomar medidas para detener la degradación», opinó.

   «Tenemos esperanza solo en Dios»

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Otra escuela, dirigida por los Hermanos de la Instrucción Cristiana, se ha convertido en un refugio provisorio. El director aún no sabe cuándo se recuperarán los espacios ocupados por un 200 desplazados.

«Las autoridades han traido gente aquí», dijo Frère Charles Coutard, un francés de Laval (Canadá) que vive hace más de 40 años en Haití.

El religioso deplora la pobreza en Haití y culpa a la deforestación, el éxodo rural y la inestabilidad política.

«El país no tiene recursos. Apenas dos mil millones de dólares para nuestro presupuesto anual, mientras que los estadounidenses gastan seis mil millones para una elección», comparó.

Desde el viernes, alimentos provenientes de la capital del país, Puerto Príncipe, son distribuidos con dificultad en los barrios afectados del Cabo Haitiano. Unos «7.500 kits, canastas de solidaridad, 3.500 platos calientes son servidos por día», explicó Klaus Eberwein, director del organismo gubernamental al frente de las operaciones de socorro.

«Vamos a distribuir en todas las zonas inundadas. Llegarán pronto mantas y colchones», dijo.

Pero la gente está impaciente y el descontento se escucha. «En todo este tiempo no hemos visto a las autoridades. Ahora bien, no queremos más discursos, queremos acciones concretas», se quejan los habitantes.

En la multitud, los afectados interpelan a las autoridades. «Tenemos dos intervenciones principales: asistencia de emergencia yun programa integral de prevención para evitar lo peor», contesta el diputado Kenston Jean Baptiste junto al alcalde adjunto Réginald Guerrier.

«¿Pero cuándo va a cambiar nuestra situación?», lanza un hombre joven, en vano. Más lejos, una mujer prefiere dirigirse a Dios: «tenemos esperanza sólo en Él».

El Nacional

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