Opinión

Un caso de diciembre

Un caso de diciembre

¿Quiénes atienden los casos de personas abandonadas en la calle? ¿Corresponde a la Policía? ¿A la Fiscalía? ¿Y cuando hay niños y niñas? Cansada de recorrer todas estas instancias, una amiga angustiada, hace estas preguntas.

Desde hace más de tres meses, una mujer joven con dos niños de 3 y 7 años, y una niña de 10, se instaló en el portal de su apartamento. Llega alrededor de las diez de la noche cada día, acomoda un pedazo de colcha y encima unas cuantas sábanas viejas y sucias, duerme allí con sus hijos e hija y a eso del medio día siguiente, se marcha para volver otra vez por la noche. Como esto es entre la puerta de dos apartamentos, las personas que viven en ellos tienen que pasar por arriba de la mujer, sus hijos e hija y soportar las incomodidades de una persona desbordada por la drogadicción que en ese espacio, consume drogas y convive con diferentes hombres frente a sus hijos e hija.

Mi amiga ha recurrido a la Fiscalía y a la Policía y, aunque han tratado, no han podido hacer nada, porque es una enferma, dicen. La Policía se la lleva y a las horas, vuelve insultando y amenazando. CONANI y el Tribunal de NNA recogieron a los varones, pero la niña sigue estando con su madre, expuesta al peligro de la prostitución infantil. Cuando la mujer, sin techo y abandonada a su suerte con tres criaturas, vuelve de los “arrestos”, se manifiesta de manera muy violenta especialmente contra mi amiga, a quien considera culpable por denunciarla.

En estos momentos, acaban de reforzar la seguridad del zaguán, porque al parecer, tendrán que cargar con su propia defensa y así, sin más, velar por su cuidado de cara al vacío de estrategias nacionales y municipales para enfrentar la situación de las personas que viven en la calle. Pero en este caso, la mujer sin hogar, debido a las drogas, es muy agresiva y se torna peligrosa.

Hablamos mucho de la pobreza pero pocas realidades humanas son descarnadas como la pobreza severa y miserable de quienes no tienen siquiera un lugar en donde cobijarse, un problema cuya frecuencia desconocemos pero que empíricamente, vemos en aumento.

La realidad que vive esta mujer, ha traído el desasosiego a quienes agrede, manteniendo en riesgo permanente a sus menores, sin que hasta la fecha nadie pueda resolver la situación. Es desidia del Estado y el Ministerio de Salud Pública, es abulia de las autoridades municipales, es un lavarse las manos.

En otros países, existe refugio mínimo para estos casos y autoridades que protegen y hacen la diferencia.

El Nacional

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