En la jornada cívica del domingo pasado el PRD se dio un fuerte abrazo con el pueblo, como en sus buenos tiempos. Asistimos a una demostración de unidad y de rechazo al gobierno de Leonel Fernández.
Las aspiraciones de los dos precandidatos fueron desbordadas por una gran expresión popular. El evento nos recordó el homenaje póstumo ofrendado a Peña Gómez en mayo 1998 y, dos años más tarde, en 2000.
A riesgo de parecer candoroso, aposté a la coparticipación de todas las corrientes en la convención. Debemos reconocer la plausible labor de la Comisión Nacional Organizadora, cuya composición despeja la menor duda de parcialidad o deshonestidad. Los contendientes encendieron la chispa que prendió exitosamente.
Ivelisse Prats, Milagros Ortiz, Esquea Guerrero y Tolentino Dipp representan la lucha, el coraje y la vergüenza. Les sobra cordura, y esta vez no fue diferente. En consecuencia, enteraron a los candidatos del primer boletín antes de darlo a conocer.
La expresión del domingo 6 de marzo ha sido la de todos los dominicanos. El PRD sólo ha sido un instrumento eficaz.
Hubo la oportunidad de detectar la intromisión de peledeístas, para lo cual debieron actuar los delegados de Miguel Vargas. Guerra avisada no mata soldado.
Visitamos varios centros en el Evaristo Morales, Gascue, Bella Vista, Naco y Piantini, y vi, contento, interminables filas de sufragantes en pleno sol. Fue notable la organización y la disposición de los representantes de Hipólito Mejía dando un cálido recibimiento a los votantes. Por el contrario, fue escasa la presencia de los delegados de Miguel.
Aquello de que las elecciones se ganan en las urnas, cobra vida una vez más. Muchos acuden a votar sin una firme decisión o compromiso, decidiéndose ya en el lugar.
Las bases y dirigentes del PRD deben entender ahora que el respaldo es prestado. La mejor forma de agradecerlo es dar muestras de unidad, generosidad y humildad. Una aventura tendente a dividir al PRD contará con pocos seguidores y la reprobación de la toda la opinión dominicana.
