San Juan, Puerto Rico. La puertorriqueña Ángela Concepción Méndez es velada desde ayer en una funeraria del municipio de Añasco, en el área oeste, vestida como faraona. Así lo pidió en vida y sus 18 hijos y 31 de nietos y biznietos la complacieron.
El velatorio de la dama, nombrada por el municipio en dos ocasiones Madre Ejemplar, al que asisten familiares y vecinos, comenzó ayer en medio de rumores y anécdotas sobre la vida de la mujer que fue una ferviente admiradora de la cultura egipcia y de sus grandes faraones.
Concepción Méndez descansaba en su ataúd vestida con ropajes de faraona. Entre sus manos se observaba un rosario y una copa con un adorno representando la máscara mortuoria con la que encontraron al famoso Rey Tutankamón y rodeada de jeroglíficos egipcios. Además en el dedo anular de su mano izquierda se veía una sortija con un escarabajo, insecto que simboliza a uno de los dioses más poderosos del antiguo Egipto: Ra.
Se observó que al lado izquierdo del ataúd se colocaron hermosas figuras egipcias. A la derecha se observaba otro traje blanco, que tanto le gustaba a la difunta, así como las figuras de Nefertiti y el dios con rostro de pájaros: Horus.
Doña Ángela fue víctima de un paro respiratorio. Sus hijos cumplieron su voluntad al vestirla como una faraona y adornar la sala de la funeraria en el pueblo Añasco, donde la velaron rodeada de todos esos objetos que tanto atesoraba en vida. Lamentaron, una y otra vez, que su madre no pudo viajar a Egipto debido a los padecimientos de salud que le provocaron la muerte pese a las atenciones médicas.
Se citó que sus hijos siempre supieron de la fijación que tuvo su madre por Egipto, incluso desde que tuvieron conciencia.
Y se resaltó que durante muchos años fue llenando su hogar de artículos alusivos a la antigua civilización y cuando sus hijos crecieron los regalos giraban en torno a esa cultura.
Si la reencarnación existiera, doña Ángela hubiera vivido una de sus vidas en Egipto, dijeron sus hijos.
«Ella es nuestra faraona. Todo lo que ves, ella lo decidió. Siempre dijo que la enterraran con ese atuendo», dijo al diario Primera Hora Eduardo Arroyo Concepción, hijo de doña Ángela .
La casa de la madre, en el barrio Quebrada Larga en el pueblo de Añasco, es una especie de museo egipcio.

