Desde que en el año 1982 publicase su novela La Casa de los Espíritus, me hice asidua de la escritora Isabel Allende. Libro que ella publicaba, libro que yo devoraba.
La célebre literata recibió el golpe más duro de su vida en el 1992: la pérdida de su hija Paula. Sin embargo, su inmenso dolor le sirvió como fuente de inspiración. Isabel escribió un libro que bautizó con el nombre de su hijita, ida en plena flor de la vida, a la edad de veintiocho años.
Como madre que soy, y como seguidora suya, lloré por ella y me solidaricé con su pena. Sin embargo, a pesar de mi admiración por la novelista, me resultó imposible leer aquel libro titulado Paula. Me lo perdí por miedo, huyendo de enfrentar una terrible realidad que puede golpear a cualquiera.
Transcurrido un mes desde la muerte de mi hijo Jaime, ahora han pasado más de dos, me convencí de que había llegado el momento de leerlo. Pero, además, sentí un fuerte impulso. Me atreví a escribir a Isabel para compartir con ella mis sentimientos, como si de una amiga se tratase. No esperaba respuesta de su parte, pero me equivoqué. Esa señora, además de ser una sublime escritora y una gran luchadora, demostró la sensibilidad que siempre intuí en ella.
Con estas líneas le escribí – quería expresarle que, aunque no me había atrevido a leer su libro «Paula», pues tengo cuatro hijos y me daba miedo, ahora que he perdido a uno de ellos, voy a hacerlo. Estoy segura de que en su escrito encontraré algo que me ayude. Debe de haber sido una terrible experiencia el perder a su hijita querida, como la que estoy viviendo yo desde hace un mes. La admiro mucho, la considero valiosa y valiente, y su arte es maravilloso.
Querida Aída fue su respuesta – Me da mucha pena su duelo. No hay dolor más grande que perder a un hijo. Mi Paula murió hace muchos años y he aprendido a vivir con su recuerdo y su espíritu, que siempre me acompaña, pero todavía siento tristeza. Esa tristeza nunca se va, pero puede convertirse en una tierra fértil donde crecen las mejores virtudes: paciencia, compasión, agradecimiento por lo que se tiene, a, or. Le deseo consuelo en estos momentos tan duros. Un abrazo solidario.
He sentido la necesidad de publicar nuestros correos porque considero importante que conozcamos la parte humana de personas como ella. No olvidemos que, esas personas, también son seres que viven experiencias de gozo y de dolor. No ignoremos que su arte, su inspiración, expresa sus vivencias y que es una riqueza que, con su labor y su esfuerzo, nos transmiten.
Hija de Tomás Allende, diplomático chileno que le inculcó su afición por las letras, y de Francisca Llona, Isabel Allende nació en Lima en agosto de 1942. Continuará.
Aída Trujillo.

