El pasado 14 de julio, el pintor austriaco, Gustav Klimt, hubiese cumplido 150 años de edad. Este artista fue, y es, la figura más representativa del modernismo pictórico. Habiéndose formado en la Escuela de Artes Aplicadas de su ciudad natal, Viena, triunfó como autor de grandes pinturas decorativas, de las que constituyen un buen exponente las que realizó en la escalera del Museo de Historia del Arte de la misma ciudad.
La familia de Klimt, hacia fines de 1860, estaba pasando por graves problemas económicos. Vivían en pequeñas y pobres casas de las que iban mudándose, según donde pudiesen encontrar trabajo. Pero, en Burgerschule, las capacidades artísticas de Gustav fueron reconocidas, hecho que le incitó a desarrollarlas, postulando y ganando una vacante en la Kunstgewerbeschule, la Escuela de las Artes y de Pintores, una de las dos grandes escuelas públicas del arte vienés.
En 1897, su interés por el arte vanguardista lo llevó a abandonar la Asociación de Artistas Vieneses y a fundar, con algunos amigos, la reconocida Secesión Vienesa, de la que fue el primer presidente y máximo ejemplo. Pero las pinturas murales alegóricas realizadas en la Universidad de Viena, en las que se advertía un evidente cambio de estilo, suscitaron duras críticas. Fue ese el motivo por el que el artista abandonó el encargo antes de finalizarlo, siendo pasto de las llamas de un incendio en 1945, las que había concluido.
Debido a estos incidentes, Klimt no volvió a recibir encargos oficiales. Sin embargo, realizó una gran cantidad de cuadros, destacando sus paisajes plasmados con un concepto muy peculiar de la perspectiva. En esos lienzos predominan las tonalidades verdes y las figuras femeninas, que constituyen lo más conocido y valorado de su obra. En ellas, el artista combinó el realismo del retrato con un estilo decorativo extremo en los fondos y los ropajes, en los que predominan los tonos amarillos y dorados y figuras inspiradas en las alas de mariposa y/o las colas del pavo real.
Hacia el final de su incursión en Kunstgewerbeschule, Klimt asoció a su hermano Ernst y otro estudiante, Franz Matsch, en la formación del Kunstlercompanie, una compañía de pintores. Al dejar la famosa escuela, en 1883, Klimt y Matsch comenzaron a trabajar duramente, lo que les llevó a crear varias pinturas cuyo fin era postular para el rango de maestro.
Pero el artista deseaba ser considerado como pintor de decoraciones arquitectónicas, una notoriedad marcada por la naturaleza de sus primeros trabajos, muchos de ellos diseñados para teatros, museos e iglesias. Tras el éxito obtenido después de su participación en una serie llamada Allegories, una segunda serie fue solicitada y realizada entre 1896 y 1900. Sin embargo, aquel trabajo acaparó numerosas críticas y esto fue la causa de que, unos años antes de que la exposición de la obra se abriera, una de sus pinturas, «Filosofía», causara una enorme controversia.
Varios miembros de la universidad protestaron públicamente, solicitando al Ministerio de Educación cancelar el trabajo de Klimt, acusándole de presentar ideas no entendibles a través de formas no entendibles. Según afirmaban, en lugar de manifestar las virtudes de la filosofía, había producido un rompecabezas que sugería que los misterios de la vida eran impenetrables y que la existencia humana no consistía en nada más que el ciclo interminable de la copulación, el nacimiento y la muerte.

