Aunque se trata de una novela, una obra de arte de la literatura, como la mayoría de las mismas, está basada en la realidad y/o la historia. Consiguió volverme a hacer llorar el personaje principal, Jean Valjean, y su penosa existencia, cuando la releí, últimamente, por enésima vez. Por haber robado pan, siendo un jovencito, fue condenado a veinte años de prisión. ¡Y qué prisión!
Estoy segura de que, la mayor parte de los que están ojeando esta columna, conocen la trama de este libro, que ha dado lugar a películas, obras de teatro y a una serie, la que conozco, protagonizada por Gérard Depardieu. Estoy viéndola de nuevo, en DVD, pues me fascina ya que me parece excelente y que está muy bien ambientada en su época.
Los Miserables, nos muestra, de forma muy cruda, hasta adonde puede caer y llegar, el ser humano, en su mezquindad, hambruna, envidia, pillaje, y en su obsesión, bien ilustrada por la actitud del Inspector Javert. También nos recuerda como, la falta de los medios para subsistir y la codicia, agudizan los sentidos y estimulan la imaginación del que las sufre. Pero, asimismo, nos habla de que, a pesar de esos sentimientos negativos, incluso cuando una persona es poseída por el pánico a ser atrapado, puede dejar aflorar su bondad, superando sus temores y rencores.
Mientras a consecuencia de las leyes y de las costumbres exista una condenación social, creando artificialmente, en plena civilización, infiernos, y complicando con una humana fatalidad el destino, que es divino; mientras no se resuelvan los tres problemas del siglo: la degradación del hombre por el proletariado, la decadencia de la mujer por el hambre, la atrofia del niño por las tinieblas; en tanto que en ciertas regiones sea posible la asfixia social; en otros términos y bajo un punto de vista más dilatado todavía, mientras haya sobre la tierra ignorancia y miseria, los libros de la naturaleza del presente podrán no ser inútiles. Este es el prólogo que, en 1862, le dio Víctor Hugo a su obra, engrandecida por un juicio que la recorre por completo y la reflexión que el autor plasma en ella, sobre la miseria, moral o material.
Víctor Hugo invoca al progreso, pero no al que se entiende como la acumulación de bienes materiales, sino como el del triunfo de las libertades personales, el camino que la sociedad recorre para ser más justa, procurando a todos sus miembros trabajo, salud, educación y dignidad.
La trama del libro transcurre en Francia y narra las vidas de varios personajes, durante un lapso de veinte años, en el cual acontecen las Guerras Napoleónicas. Se centra, principalmente, en los esfuerzos del protagonista, el ex-presidiario Jean Valjean, por redimirse, analizando el impacto de sus acciones mediante reflexiones sobre la sociedad de entonces. El autor se inspiró, para la creación de los dos personajes principales, en Eugène François Vidocq, un delincuente que acabó convirtiéndose en policía y fundó la Sûreté Nationale francesa,
Se trata de una novela que permite al lector acercarse a la historia de la Francia contemporánea a Víctor Hugo. Incluye, directa o indirectamente, varias partes de ésta, como es su revolución de 1789, con sus distintas etapas. Nos menciona la batalla de Waterloo, la cual se desarrolló del 15 al 18 de junio de 1815, nos habla de la pobreza extrema que les tocó vivir a los que la rodearon y el hecho de que, unir sus pensamientos, permitió que surgiesen nuevas y mejores ideas.
