Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Vivencias cotidianas de allí y aqui

Ortega y Gasset, filósofo y ensayista español

Esta eminencia dijo que el enamoramiento es “un estado de imbecilidad transitoria” y quizás hay algo de verdad en su afirmación pues cuando una persona se rinde ante Cupido pierde la noción del tiempo y deja de prestar atención a las actividades rutinarias.
Felizmente la fase del enamoramiento suele ser corta y una vez pasada el cuerpo y la mente se liberan pues si permaneciera no tendríamos suficiente energía para desempeñar otras áreas importantes de nuestra vida. La obsesión por el ser amado, ese analizar todo lo que hace hasta el último detalle podría incluso llegar a convertirse en celos, convirtiéndose en una patología.

Es un error creer que la pérdida de pasión y la euforia signifiquen que ya no queramos a la otra persona o debamos cuestionarnos la relación. Hay que tener en cuenta que los niveles de dopamina, norepinefrina y serotonina, entre otras sustancias, vuelven a sus estados normales y que lógicamente disminuya el interés por el amado y que pongamos atención a otros aspectos de nuestras vidas.

El amor, más desarrollado en el tiempo, presenta diferencias en cada cultura y el modo de vivirlo y sentirlo también varía según las características de la persona. Su mayor duración se da por los afectos y el vínculo establecido con la pareja que pueden tener su base en la búsqueda de seguridad, la estabilidad emocional o meramente por costumbre. Juega un importante papel el comportamiento del otro, sus atributos, nuestras necesidades, nuestro deseo, la búsqueda de compañía, la importancia social que damos a tener compañero, etc.

Es indiscutible que nuestras expectativas, roles, normas y costumbres influyen en como lo vivimos, mas el aspecto biológico de lo que nos sucede es innegable.

Algunas de estas sustancias actúan como estimulantes muy potentes como en el caso de la dopamina y la norepinefrina que provocan que focalicemos nuestra atención en el ser amado que se convierte en el centro de nuestro universo. Otras sustancias, como la serotonina, disminuyen sus niveles, favoreciendo el pensamiento obsesivo, lo que nos impide pensar en otra cosa que no sea él o ella.

La estimulación provocada por este cóctel químico nos motiva a alcanzar nuestro objetivo: la persona amada. Así que somos capaces de cambiar rutinas y comportamientos para agradarle. Esta estimulación también nos permite seguir ante los obstáculos que puedan surgir.

Es lo que se conoce como “efecto Romeo y Julieta”. Las emociones se intensifican al percibir la adversidad porque se dispara aún más la liberación de dopamina. Este empeño en conseguirle caerá si nos damos cuenta de su imposibilidad y si esto ocurre aparecerá la tristeza y el abatimiento, y la resignación será más o menos sufrida o vigorosa dependiendo de las valoraciones, los recursos y la manera de afrontar de cada uno.

El Nacional

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