Opinión

Vivencias cotidianas de allí y aquí
Dos de mayo, Historia de España, II parte

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A comienzos de 1809 la mitad norte de España se hallaba bajo control francés y el ejército español había sido prácticamente destruido. Los obstáculos para la ocupación del territorio hispano y el avance hacia el sur habían desaparecido. Por ello, la Monarquía de José Bonaparte podría asentarse irreversiblemente.

Pepe Botella, apodo que el pueblo español puso al  nuevo monarca, dada su afición al vino, , reinó en España hasta el año 1813. Viene al caso indicar un dato constatable que aún podemos ver en Valladolid. “En el monasterio de San Benito el Real de esta ciudad española, en el que destaca el magnífico retablo mayor, obra de Alonso Berruguete, existe un escudo de José Bonaparte que ha resistido el paso de los años. Encima de la portada principal, si se acerca uno, descubre con sorpresa y estupor que se trata del de José Bonaparte, en su época de reinado intruso en España.” Esto es lo que nos cuenta Jerónimo Carrera en su interesante blog, de donde saqué la información. Y prosigue, “¿Qué hace hoy y cómo llegó hasta aquí un escudo denostado y odiado por el pueblo español? Se cree que su confección se realizó en el 1810, en pleno reinado de Pepe Botella, y que posteriores capas de yeso taparon su trazado pasando de este modo desapercibido hasta la limpieza del edificio y su conjunto en las obras del Patio Herreriano.¿Debe continuar ahí o debería arrancarse y sustituirse por uno con los signos actuales? Difícil cuestión. La historia va marcando las fechas y los hechos y, por odiados que hayan sido, se pueden conservar como reseña del pasado…”

Y, prosiguiendo con la ocupación de la que España fue víctima, Francia no contó con un hecho relevante: la aparición de una guerrilla que los españoles arbitraron para hacer frente al formidable ejército napoleónico. De haber utilizado los métodos tradicionales, no hubiesen tenido ninguna oportunidad de vencer. Juan Martín El Empecinado, Espoz y Mina, el Cura Merino y tantos otros dirigentes se convirtieron en auténticos héroes de la Guerra de la Independencia. A este eficiente modo de combatir, con el que se sembraba la constante ansiedad y desvelo de las unidades francesas, Napoleón tuvo que añadir el desasosiego progresivo causado por la presencia en la Península de las tropas inglesas. Sir Arthur Wellesley, el futuro duque de Wellington, desembarcó en Portugal y desde 1809 estuvo vapuleando a los franceses desde Galicia hasta Extremadura.

También, las maniobras marítimas de los ingleses en aguas españolas, le forzaron a asentar a 32.000 soldados con el fin de vigilar las costas, aparte de mantener una constante comunicación con Cádiz, la única ciudad española que no había sido ocupada, aunque se hallaba sitiada por tierra.

Por si fuese poco, en 1812, Napoleón tuvo que retirar tropas de España y formar la “Grande Armée” que emprendería la campaña de Rusia. La presencia militar francesa quedó, entonces, reducida a 200.000 soldados, motivo que inclinó la guerra en favor de los españoles. También incidió, fuertemente, a quebrantar la fortaleza del Imperio Napoleónico la intervención inglesa, o quizás las dificultades que el emperador encontró en el frente oriental a partir de entonces. Esa es una cuestión en la que los historiadores de diversos países aún no se ha puesto de acuerdo. Lo que sí parece estar claro es que, la Guerra de la Independencia de España, fue la primera de las de liberación nacional en la que el gran imperio fue vencido y que esa victoria tuvo una inmensa repercusión en Europa.

El Nacional

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