La novela de Fari Rosario
No deja de sorprender que un escritor joven, con altos estudios humanísticos, vinculado a las corrientes modernas de la literatura, publique una novela ambientada en la zona rural, que por demás registra el habla peculiar de campesinos de una determinada región. Me refiero a la novela infantil “La aventura de la vaca flaca”, de Fari Rosario.
Lo digo por la actitud asumida en las últimas décadas por críticos y escritores en nuestro medio frente a este estilo de hacer literatura. El término “ruralismo”, con el que se ha denominado esta tendencia, predominante en la primera mitad del siglo veinte, resulta peyorativamente elocuente.
Aunque se refieran por igual a la vida en el campo, hay valores semánticos muy diferentes entre los adjetivos “rural” y “pastoril” o “bucólico”. Pero Rosario tiene razones ideológicas y sociológicas bien sustentadas, para dar a su obra este matiz campesino. Él ha manifestado que la literatura está atada al habla oral y debe ser testimonio de la vida.
Tengo la esperanza de que los niños dominicanos encuentren en “La aventura de la vaca flaca” un instrumento para el disfrute estético y para el desarrollo de su inteligencia.
La literatura infantil, nadie lo dude, es una magnífica aliada de la educación para desarrollar en los niños las destrezas comunicativas. La obra literaria nutre el entendimiento del niño y por igual fortalece su imaginación y su capacidad creativa.
Pero, estemos claros, la obra literaria deberá ofrecerse a los niños como parte del recreo, como una actividad amena, en lugar de imponerla con la rigidez de una pedagogía opresora. La lectura debe constituir para los niños un ejercicio de libertad y disfrute, pues el estado natural del niño es la libertad.
El juego es una auténtica expresión de esa libertad, la lectura debe ser parte de ese juego y el libro un juguete. El libro debe formar parte de las cosas personales del niño. Pero hay algo más, que tratándose de una obra dirigida al público infantil no puede faltar. Hablo de la magia, de la fantasía, lo cual es necesidad de los niños.
En el libro de Fari, junto a un visible realismo, circula una amplia corriente de lo maravilloso. Basta citar el hecho de que una mula caiga a un aljibe y quienes se tiran a rescatarla encuentran un inmenso río en cuya ribera había un bello bosque con muchas aves variopintas…
En nombre de la nuestra población infantil me permito dar la bienvenida a esta nueva obra y felicitar a su autor, el dinámico escritor Fari Rosario, por tomar en cuenta a nuestros niños para su creación.
Rafael Peralta Romero
rafaelperaltar@gmail.com

