Un artista y dos eventos
Desde su butaca y a veces en los corredores del teatro, los espectadores emiten sus juicios en torno a la función que han disfrutado, ya fuere teatral, de cine o musical. Es justo que lo hagan. En la música, mi condición es de espectador. La posición que habitualmente ocupo en el espectáculo es como parte del “público en general”.
Mi diferencia con los demás integrantes del público es que gozo del privilegio de expresar mi opinión por un medio como este. Y así, sin aire de crítico musical, que lejos estoy de ello, quiero declarar mi complacencia con la obra “Garrick, poema sinfónico”, compuesto por Dante Cucurulo, maestro de la música dominicana.
A final de junio, Cucurulo presentó un cedé que contiene cinco de sus composiciones sinfónicas que cumplen a plenitud la función de toda obra de arte: provocar deleite espiritual. El disco lleva por título Garrick, en alusión al personaje del mismo nombre de quien habla el poeta mexicano Juan de Dios Peza en su poema “Reír llorando”.
La más eficaz forma de describir estas piezas musicales sería hacerla escuchar, pues nunca se aplica mejor la inefabilidad que en este caso. Si me valiera, para expresarlo, de algún elemento tangible, optaría por una cascada muy alta de donde brota a chorros la música que a su vez choca con corrientes de vientos que la impulsan y refuerzan.
Todos los sonidos concurren en perfecta armonía, cada instrumento pone el matiz que le demanda la composición, pero la audición me ha dejado convencido de que nunca los instrumentos de percusión produjeron música tan elevada, tan de dioses, tan fuera de lo común. Es, sin duda, una excelente producción lo que ha ofrecido Dante.
Días después de este feliz acontecimiento, y como si se procurara ratificar la calidad profesional de Cucurulo, fue presentado en el Teatro Nacional el concierto “Clásicos Dominicanos del siglo XX”, con la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida por este músico. Fue una rica experiencia escuchar la música dominicana en esa dimensión.
El evento fue patrocinado por la Refinería Dominicana de Petróleo en un proyecto que conlleva el laudable designio de entregar las partituras de creaciones dominicanas a orquestas del mundo que quieran ejecutar composiciones de nuestros grandes autores. Un equipo de especialistas trabajó en la selección.
Composiciones de José Reyes, José Dolores Cerón, Luis Emilio Mena, Julio Alberto Hernández, Rafael Ignacio y Bienvenido Bustamante removieron sensibilidades de los espectadores. Esta vez el maestro Dante Cucurulo no era el compositor, sino el director, pero en ese evento como en el disco Garrick voló alto. Todos hemos quedado complacidos.

