Muchos dominicanos no se han detenido a pensar la afrenta que significa el alto consumo de bebidas alcohólicas en nuestro país, a pesar de las desgracias materiales y morales que esta práctica provoca diariamente. La forma en que consumimos alcohol es como para que nos mate la vergüenza.
Nadie que quiera el mejoramiento de la sociedad, o que al menos se preocupe mínimanente por ello, puede permanecer indiferente ante el desempacho con que aquí se vende y consume alcohol. Tampoco procede la indolencia ante la desenfrenada publicidad de bebidas alcohólicas por medios al alcance de niños y adolescentes.
He apoyado el decreto que regula el expendio de bebidas. Siempre reclamé que tal regulación fuera convertida en ley, para que no dependa del ánimo de una persona, en este caso el ministro de Interior y Policía, Franklin Almeyda.
El proyecto ha sido elaborado y presentado a la opinión pública. Y los rezongos no tardaron. Mucha gente se beneficia de este negocio y a ninguno ha de importarle la consecuencia del mismo en la sociedad. Lo he leído y me parece benigno en sus disposiciones. El doctor Almeyda considera que la regulación en el expendio de bebidas ha contribuido a reducir la violencia, y es un componente importante para evitar accidentes de vehículos de motor.
Tiene cuatro capítulos y 24 artículos. Define su objeto en el artículo uno. Lo cito: La presente Ley tiene por objeto controlar y regular el expendio y consumo de bebidas alcohólicas, así como los establecimientos dedicados a actividades de diversión, con la finalidad de garantizar la seguridad ciudadana. ¿Alguien con pudor puede oponerse a eso?
El artículo 2 contiene una lista de 19 Definiciones, básicas para la aplicación e interpretación de la futura ley. Citaré la referida a espacio público: Área física propiedad del Estado para uso de toda la población, aceras, paseos, carriles de las calles y callejones, carreteras, caminos, plazas, plazoletas, parques, zonas verdes y otras de iguales características.
Hemos visto cómo colmadones y otros negocios usan estos espacios para su provecho. De paso los convierten en vitrinas para que los niños vean a los bebedores y aprendan de ellos. El control se justifica plenamente.
Lo que me asombra del proyecto es el artículo 3, que fija como horas autorizadas para el expendio de bebidas alcohólicas en el territorio nacional desde las ocho de la mañana hasta las doce de la medianoche, de lunes a jueves, y hasta las dos de la mañana, los sábados y domingos. ¿Eso es control? Creo que no.
El artículo 13 impide el expendio de bebidas destapadas a menos de 300 metros de escuelas, hospitales y clínicas. Procede agregar iglesias y bibliotecas. El proyecto no es perfecto, pero oportuno.

