Zona infantil: Alina, la guardiana de dragones

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En las lejanas tierras de Moldan, las de los valientes guardianes de dragones, cada vez que nace un niño se le asigna el dragón que vigilará durante toda su vida. Cada dragón permanece encerrado por un cerrojo de siete mentiras unido mágicamente al corazón de su guardián.

En Moldan niños y niñas entrenan y preparan sus corazones para luchar contra cualquier mentira, porque a partir de los 7 años el dragón será lo suficientemente grande como para provocar algún desastre. Eso lo sabía muy bien Alina, quien se moría de curiosidad por saber qué pasaría al día siguiente de su séptimo cumpleaños.

Pero no pasó nada. La vida siguió igual, y lo mismo pasó al día siguiente y al siguiente. Alina comenzó a impacientarse, y visitaba diariamente el lugar donde su dragón permanecía encerrado:

– ¿De qué me sirve ser guardiana si no veo a mi dragón y no tengo que hacer nada especial?
El dragón notó sus dudas y su espíritu malvado tomó la forma de un niño travieso que se le acercó.

– Vaya, una niña guardiana de dragón que tiene dudas…

– No tengo ninguna duda -intentó justificarse Alina, visiblemente ofendida.

– Si no las tienes, ¿entonces qué haces paseando por aquí?

– Estoy buscando unas flores

– ¿Y son tan especiales que tienes que buscarlas precisamente aquí?

– Sí, porque son mágicas

– ¿Y cuál es su magia? -siguió preguntando el niño

– Ayudan a curar enfermedades muy graves

– Y ¿a quién quieres curar?

– A mi abuela

– Pobrecita tu abuela, ¿qué enfermedad tiene?

– Una muy rara que le ha salido en la piel

– ¿Y cuántos días tardará en curarse con esas flores?

– Tres – siguió inventando Alina

– No ¡Siete!

– ¿Qué?

– ¡Siete mentiras! – gritó el niño, al tiempo que cambiaban su voz y su aspecto para transformarse en un inmenso dragón – ¡Por fin soy libre! ¡Ja, ja, ja! ¡Qué fácil ha sido! Niña mentirosa, ¡eres el peor guardián de dragones del mundo! ¡Ja, ja, ja!

El dragón marchó volando. Desgraciadamente, no tardó en encontrar la aldea y sembrar el terror entre los guardianes. Todos se preguntaban quién lo habría dejado escapar, pero Alina tuvo miedo y no dijo nada.

El dragón, que aumentaba su poder con cada mentira de la niña, nunca tenía suficiente, y se transformaba por las noches en el niño travieso para importunar con sus preguntas a la niña para conseguir nuevas mentiras. La pobre Alina ya no sabía qué inventar para ocultar que había sido ella quien había dejado escapar al dragón.

Hasta que un día no pudo más. Atrapada por la vergüenza de mentir constantemente, y por la pena de provocar tantos desastres, decidió hacer un último acto de valentía, confesar lo ocurrido y enfrentarse sola al

dragón. Aprovechando que todos se hallaban reunidos, se levantó y dijo:

– Fui yo quien dejó escapar al dragón. Desde entonces solo he ido acumulando mentiras para ocultarlo…
Antes de acabar la frase, sintió un fuego terrible en el pecho, y un rayo surgió de su interior. Durante unos segundos interminables el rayo barrió los cielos hasta dar con el dragón, reducirlo y atraparlo, llevándolo a rastras hasta la aldea, como si fuera un corderito. Gracias a aquel rayo mágico pudo Alina encerrar de nuevo al dragón, y solo entonces el rayo y el dolor desaparecieron de su pecho, dejando una marca de fuego que nunca se borró.

Así fue como los guardianes descubrieron el increíble poder que desataban al confesar una mentira. Pero, a pesar de eso, siguen prefiriendo decir siempre la verdad porque, como contaba Alina, por muy poderoso que fuera, aquello dolía una barbaridad…