Blue Jasmine, la nueva película del veterano y aclamado director Woody Allen, no solo ha dado un nuevo impulso a una carrera de por sí extensa y brillante, sino que al parecer, ha revitalizado la misma.
Todo comenzó en el año 2011 cuando Allen, además de concitar una vez más el aplauso de la critica, también alcanzó el mayor éxito económico de su carrera con el film Midnight in Paris.
¿O acaso el inicio de esta repentina buena racha se remonta tres años atrás, es decir al año 2008, cuando su película Vicky Cristina Barcelona generó tanto entusiasmo además de constituir un éxito económico indiscutible, dentro de los estándares del cine de Allen que le deparó un Oscar a la mejor actriz secundaria a la española Penélope Cruz?
Lo cierto es que sea de una forma u otra, el estreno en Estado Unidos de Blue Jasmine porque aquí nadie sabe cuando llegará el film, sino arriba primero en DVD ha representado un renacer de la carrera de legendario director.
La razón más elocuente no lo constituye el hecho de que como siempre la crítica se haya volcado en elogios hacia el film, sino un dato mucho más simple y directo. Como respuesta a la promoción oral hecha por la gente, la Sony Pictures Classics incrementó la cantidad de salas en las que se exhibe el film, llevándolas de 229 a 1,283 teatros.
De esa forma y en un momento en el que el prestigioso director arribó a su película numero 44, Blue Jasmine se ha erigido como el film que mayor difusión ha tenido en su carrera. ¿No es esa una forma extraordinaria de reconocer el enorme talento de quien ha sido considerado como un director de las minorías?
Cuando se le preguntó en una entrevista con el New York Times, hace un par de meses, sobre la razón de su sorpresivo éxito ya en el ocaso de su carrera, el propio Allen admitió su desconcierto por no haber sabido nunca por qué el público prefiere una película y no otra.
Si hubiese podido entenderlo, probablemente habría sido capaz de llegar a ser rico, aseguró.
