¿Qué Pasa?

Acorde final alienta frescor a dramaturgia y actuación RD

Acorde final alienta frescor a dramaturgia y actuación RD

Tras el estreno de Acorde Final, Patricia Muñoz ha consumado con calidad y dignidad un cambio en su trayectoria de artista de la escena al ser creadora de un texto sobre el tema infinito de la soledad existencial familiar, la validez de las relaciones primarias y el refugio en que se puede transformar la música cuando las angustias del vivir han hecho el estrago de carcomer en silencio los interiores desgarrados.

Patricia Muñoz, pese a una exigente carrera de ingeniería química, entendió el llamado que a sus adentros plantaba del arte de las escenas hace bastante tiempo y se comenzó a dejar sentir, formada por Manuel Chapuseaux y Germana Quintana, desde su primera aparición en las tablas en 1992, para dejar verse como talento en desarrollo sobre todo para la comedia.

Posteriormente, tras muchas risas y reflexiones provocadas, esta mujer se orientó a un teatro de drama, sin que renunciar a la comedia o el “vaudeville” en Teatro Las Máscaras y otros espacios.

Lo que se percibe, dramatúrgicamente, es un estilo limpio, con un claro manejo del aluvión de pensamientos recurrentes, con buen manejo de los inter-conflictos, la limpieza de una textualidad que va recuperando al drama al espectador, para dar un sello de impecabilidad al tono parlamentario del conjunto artístico.

Acorde Final es teatro en su más fiel expresión, de aquel que nos monta en sus alas para mirar realidades y sensaciones que de alguna forma nos tocan y sensibilizan. El humor no es objetivo permanente, aun cuando se permite una rica risa inteligente pero a cada tanto de tramo, manejando el drama como el ojo guía descriptor de los quereres y ausencias que deja plantados la autora.

Talentos

Dolly Martínez, (Carmen) cumple su papel introductorio al pintar con humor el abandono en que se ha autoinscrito la persistente pianista aficionada con sus acordes, por cierto, acertadamente ejecutados por la Muñoz, de quien se descubre en la pieza, esta inclinación musical acompasada y que agrega, con la gravedad de sus notas, un matiz singularmente cortante para el alma del público.

Mario Peguero (Cristóbal) logra una de sus mejores actuaciones teatrales que le deben indicar que su camino no es hacer promociones de televisión y, en cambio, profundizar en el ciertamente más tortuoso rumbo de su formación histriónica.

Patricia Banks es una artista que solo a ratos deja sentir su fuerza y talentos. Actriz, fotógrafa de ojo tierno y penetrante, productora. Es ella un conjunto de expresiones de arte que no debería dejarse tan escasamente sentir en escena o frente a cámara. Tiene fuerza, se apodera de sus parlamentos. Excede la expectativa de su imponente temperamento.

El trabajo de producción de Danilo Ginebra y la dirección impecable de Manuel Chapuseaux debe ser puesto en valor. Ojalá sea visto por quienes habrán de votar por los renglones clásicos del Soberano.