Fue en el mes de diciembre de 1961, había concluido la orgía de sangre que desencadenó la gesta libertaria del 30 de mayo, Aída Michel, la viuda del héroe y mártir de la contienda Antonio de la Maza Vásquez entró inesperadamente al establecimiento comercial de mi padre en Loma de Cabrera y con cierta ansiedad preguntó ¿Dónde está Felicito? Apodando cariñosamente a su amigo Félix Espinal hijo.
Aunque no la había tratado con la confianza que lo hice con su esposo, sabia que era ella y de inmediato llamé a papá; él saltó al mostrador que le separaba de ella, y se conjugaron en lágrimas en un gesto tardío satisfizo las condolencias por el amigo y hermano a quien tanto quería.
Antonio de la Maza y Félix Espinal fueron amigos de verdad, como se define en el Cibao el cariño que va más allá de los intereses económicos; en efecto, el vínculo inicial entre ambos fueron los negocios, Antonio era dueño de la empresa Aserradero de Restauración, cuyo principal cliente era el Estado y necesitó el concurso del almacén La Altagracia, el comercio mayorista más importante de la provincia Libertador.
Papá le despachaba las provisiones comestibles para alimentar a los trabajadores que operaban en los pinares de la Sierra gurabera, aun mantengo la imagen de los camiones catarey que pasaban cargados de madera hacia Santiago o la Capital atendiendo a la demanda de las obras del Estado en construcción.
Si el Estado pagaba, Antonio le pagaba a papá puntualmente, de aquel negocio brotó la amistad de las copas y las parrandas, machazos de hombres en cherchas de infidelidades que sus santas esposas dejaban pasar.
Pero ocurrió un hecho que torció el destino de Antonio, la tiranía trujillista le mató a su hermano Tavito, el capitán piloto Octavio de la Maza Vásquez, y Antonio apuntó sus recursos a la empresa conspirativa contra Trujillo, para 1960 papá se quejaba que Antonio no le pagaba me tienes quebrado Antonio, no seas desconsiderado ..apelaciones fallidas de las que fui testimonio.
La última vez que le vi debió de ser la mañana del segundo domingo de mayo de 1961, llegó con buena pinta, me abrazó y penetró conmigo a la oficina del viejo almacén, allí habló claro con papá, tú sabes en lo que yo estoy ., se lo había confesado en rabiatas de tragos que no viviría conforme hasta que no vengara la muerte de Tavito, maldijo la cobardía de un pueblo que no reacciona ante el sacrificio de los héroes de junio de 1959, aquí no hay hombres son las mujeres las que están dando las vidas por la libertad (se refería a las hermanas Mirabal), e interrumpiendo los consejos que papá le daba, proclamó llegó la hora de pagar los crímenes que Chapita tiene pendiente con este pueblo, sé que puedo morir, pero me lo agradecerán. Papá se pone de pie, lo abraza y brotan lágrimas.
Antonio, libre de emoción, va al grano sobre los negocios, yo no te engaño, he hablado con Aída para que un solar que tengo en la Capital en la calle Juan Isidro Jimenes, se venda y se te pague la deuda pendiente, cual sea el resultado de esta misión que debo cumplir, el honor De la Maza está comprometido a pagarte. Antonio llevó a cabo su misión de ajusticiar al tirano.
Seis meses después, cuando Aída retorna con el dinero a cumplir con el compromiso de honor que Antonio hizo contigo, Felicito, se dimensiona el acierto de papá de haberme buscado un padrino como Antonio De la Maza Vásquez, un hombre de honor. Aída dijo: Antonio me repitió hay que pagarle a Felicito .quemé el precio de la venta del solar para venir a pagarte, ahora puedo estar tranquila .dijo Aída entre lágrimas.
Aunque hace medio siglo de esta historia, por honorable y digna vuelvo y la cuento, ahora que Aída ha muerto a los 89 años de edad, recorro la trayectoria de esta bella mujer, marcada con la sangre de la gesta liberadora, ella resistiendo las tentaciones de solícitos amoríos, enalteció su destino con el rol que le asignó la Historia como viuda del liberador de la República, manteniendo un perfil bajo en los avatares de la política no le exigió nada al tesoro nacional, pasando sin estridencias en la función diplomática, fue solidaria con los perseguidos políticos de los 12 años acogiendo en su morada a Fafa Taveras y Winston Arnaud, en aquellos días difíciles de la post-guerra.
¡Cuántas veces te elogié en las solemnidades de 30 de mayo, titulándote matrona de la gesta, y tú sonreías recordando tu complicidad con Antonio en la conspiración gloriosa que nos devolvió la condición de pueblo digno.
Ahora que te marchas, tu ejemplo enriquece la gesta inmortal y te quedas hasta siempre en la memoria de la patria agradecida.

