Opinión

ALGO MÁS QUE SALUD

ALGO MÁS QUE SALUD

Hace 20 años escribí, con este mismo título, un artículo con el cual  muchas personas se identificaron. Trataba una experiencia que viví en Santiago mientras salí a correr de la casa materna en la calle Independencia  71 hasta la de mi hermano, que se encontraba en “La Villa”, 5 kilómetros. Al retornar, caminando, encontré una latica vacía de leche condensada y, como cuando era niño, la pateé, con tan buena fortuna que pude mantenerla delante de mí decidiendo intentar llevarla hasta la casa materna solo pateándola. Al tiempo de que con cada patada decidí sacar desde dentro algunos problemas que tenía conmigo mismo y otras personas, algunos de esos rencores pendejos o taras existencialistas propias de los apegos que establecemos y de las vainas que nos caen por no acostumbrarnos a vivir con lo indispensable. Cosa de locos, dirán algunos, pero lo logré, a pesar de que la latica se me fue a cunetas, y en no pocos casos se me introdujo en hoyos de los que tuve que sacarla agarrándola con ambos pies y brincando. Tengo planes de recoger en un libro los 100 artículos que más me han gustado, y allí estará éste, que algunos titularon: “La Latica”. En estos días necesitaba volver a caerle a patadas a una latica y exorcizar problemas e insatisfacciones, pero si aquella vez parecí un orate, qué no será ahora, con veinte años más. Opté por un método más íntimo, pero no menos alocado. Me fui por los caminos del pico Duarte para conversar conmigo mismo mientras caminaba solo y la mayor parte del tiempo de madrugada; pero de eso tendré que escribirle en la próxima, iniciando con la frase “El sol me alcanzó en “El Pico de la Cotorra”, siempre y cuando no arribe a un acuerdo con don Radhamés para poner fin, en su 28 aniversario, a “algo más que salud”.

El Nacional

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