La tragedia envolvió sus garras infernales, una vez más, con el asesinato del gigante lanzador Cutá Pérez, gloria del deporte nacional, de sus atribulados familiares, San Gregorio de Nigua, la República Dominicana y más allá.
Símbolo del béisbol, con elegante estilo de lanzar y batear, que hacia estremecer corazones. Su muerte enlutece al deporte en la suprema expresión de la palabra.
El cobarde asesinato de Cutá, fue premeditado, con las características de la asechanza, alevosía, salvajismo de quienes conocían su residencia, enfermedad que padecía. Ya están presos los asesinos, pero 30 años no bastan y jamás debieran salir de la prisión.
Conocí, visitaba y trataba a distinguidos y laboriosos ciudadanos de Nigua, y allí, junto al gran amigo Uribe Silva, mi idolatrado compañero de estudios Manuel Soriano, quien vivía cercano a la Iglesia San Miguel, Francisco Nina, Hilario Martínez, tratábamos los álgidos problemas de Nigua, temas diversos. Allí conocí a Cutá (adolescente en ese momento), Mélido, Carlos, Jochy, Bladimir, también estrellas del béisbol, y así otras familias y personas que recordamos siempre.
Vivimos épocas de incertidumbre, lamentaciones y criminalidad, con instrumentos y armas poderosas, y muchos padres y tutores irresponsables de sus hijos e hijas, quienes no tienen el valor de controlarlos y no lo hacen para luego llorar lágrimas amargas.
Debemos volver a decir a toda la nación que los Derechos Humanos, estamos para auxiliar, defender las normas constitucionales, legales, tratados y convenios internacionales; educar, luchar, velar e informar a las instituciones sobre los problemas sociales del país.
Pero, insistimos, no defendemos delincuentes, asesinos, estupradores, asaltantes ni como Gran Comisionado del Consejo Dominicano de Derechos Humanos, ni antes, y menos a quienes sin razones matan a muchos de la Policía y Las Fuerzas Armadas, y ni siquiera en nuestro largo y noble ejercicio profesional de abogados, por eso vivimos como vivimos.
Reclamamos de las instancias legislativas modificar el Código Penal que desde el 1927, contempla solo 30 años de prisión, estableciendo para los crímenes capitales y otros delictuales, sanciones mínimas de 60 años y máxima de 75 años, porque en el país quienes asesinan, estupran, parricidas y feminicidas, cometiéndolos contra 5, 10, 20,50 o más personas, solo es sancionado con 30 años. Así el Código del menor hasta 20 o 25 años, pues los delincuentes no les temen a las actuales sanciones, y ello es verdad irrefutable, aunque han concurrido tantos hombres, mujeres y entidades al Congreso Nacional a solicitar que se queden las penalidades establecidas y no se reformulen los estamentos señalados. ¡Y qué pena, piénsenlo bien!
Cutá, fuiste noble, bueno, grandioso y tu estrella deberá permanecer encendida en los corazones de tu noble medre, tus hijos, también tus hermanos, porque al histórico San Gregorio de Nigua, hay que llamarle los hermanos Pérez. ¡Duerme en paz!

