Las masivas protestas contra las reformas para enfrentar la crisis económica no han amilanado al presidente del Gobierno español. Antes al contrario, porque Mariano Rajoy las ha defendido, considerándolas justas y equitativas. De lo que se trata, según Rajoy, es de una cuestión de responsabilidad y no de populismo para hacerse el simpático con la población. La magnitud de la crisis que afronta España, donde el desempleo supera el 20 por ciento de la población, requiere decisiones enérgicas. Aunque en principio luzcan impopulares. Lo peor sería prolongar la crisis al no tomar el toro por los cuernos. Está por verse si las reformas servirán para encontrar una salida, pero se trata del deber que la comunidad internacional ha planteado a España para evitar males mayores. Rajoy, que gobierna con mayoría absoluta, estima que abdicaría de su responsabilidad de no haber puesto en marcha los recortes que tanto han disgustado a los españoles. A riesgo de su popularidad, el gobernante no se ha andado con paños tibios. Sus metas son el crecimiento de la economía y crear empleos, que es también la aspiración de los españoles.
