Como si asistiéramos en un autobús a un recorrido a través del mundo del séptimo arte de los años sesenta, el director de cine Quentin Tarantino en su última película Erase una vez en Hollywood le rinde un homenaje al cine, y nos transporta por los vericuetos de toda la parafernalia de esa época.
Con las actuaciones de Leonardo Di Caprio, Brat Pit (Robert Redford y Paul Newman), Margot Robbie y Dakota Fanning, Tarantino esculpe ese tiempo, y desde la música y las emisoras que estaban de moda, hasta los personajes cinematográficos que de una u otra forma repercutían en la cotidianidad californiana y mundial, ignorándose a ciencia cierta cuando estamos en la realidad o en la ficción.
El oeste americano y el Western Espagueti, éste último llamado así debido a que en Italia no hubo oeste de búsqueda de oro, pero aun así producían cintas en ese renglón, dicen presentes en la obra de Tarantino.
El Agente de Cipol, Rintintin, FBI, Bonanza, Combate, Por 100 mil dólares te mato, etc., desfilan en el mundo cinematográfico de Tarantino, transportándonos melancólicamente a la industria de plasmar en el celuloide sueños y utopías.
Margot Robbie mejor no pudo estar en el papel de la asesinada actriz Sharon Tate. Con su minifalda y sus botas a gogo, o igualmente bailando desinhibida en la mansión Play Boy, o en los primeros planos en la sala de cine viéndose actuar y disfrutando de los aplausos y risas del público que goza sus películas.
Kato, personaje encarnado por Bruce Lee en la popular serie El Avispón Verde, es tratado con tirria (se pasó ahí Tarantino; lo maltrató) por el eximio director en su octava entrega (dice que se retirará a la décima), y colocado como un vulgar pedante.
El final más de Hollywood no pudo ser: dejar a Sharon Tate embarazada y viva (en la vida real fue asesinada por la banda del sicópata Charles Manson), y juntarla con Rick Dalton.

