El tránsito de vehículos y peatones en las calles de Santo Domingo es infernal. En medio del caos, nadie está seguro de que llegará sano y salvo a su destino. Las reiteradas violaciones a la Ley de Tránsito ponen en constante peligro la vida y los bienes de los ciudadanos. La aglomeración de vehículos estacionados en lugares prohibidos por las autoridades dan a la ciudad un desagradable aspecto de arrabal. La situación es más grave cuando la calle es de doble vía y los conductores se estacionan a ambos lados de la vía.
Los automovilistas hacen caso omiso a las advertencias de No estaciones de este lado, evite la grúa y otras colocadas en carteles visibles.
Ciudadanos y autoridades parecen ser cómplices de esta situación que destruye el sistema nervioso de cualquier persona con cinco sentidos, manifestó Esteban Espinosa, un comerciante de la avenida Máximo Gómez y quien ha sido víctima, en varias oportunidades, del casos que caracteriza el tránsito en las calles de la capital.
En la calle Galván, a una cuadra del Palacio Nacional, los agentes de la Autoridad Metropolitana del Transporte (Amet) tomaron medidas durante unos días que evitaron los entaponamientos causados por vehículos estacionados a ambos lados de la vía, pero han vuelto a permitir esa práctica.
También en Gascue, las autoridades permiten la circulación vehicular en ambas direcciones de la calle Rodríguez Objío, a pesar de que el Ayuntamiento del Distrito Nacional dispuso que se transitara en una vía.
La situación es dramática en las inmediaciones de una clínica, un hospital, un colegio, un supermercado, un ministerio y otra institución estatal.
En la calle José Joaquín Pérez, próximo a la avenida Independencia, el estacionamiento de un centro de salud ubicado en la zona parece no ser suficiente para los pacientes que visitan el lugar.
El centro de trabajo de Laura García está a cinco cuadras de su casa, en el sector residencial Bella Vista, por lo que prefiere caminar a pie hasta su trabajo.
Sin embargo, no oculta el temor a sufrir en cualquier momento un accidente en ese corto trayecto, debido a la cantidad de motocicletas transitando por las aceras y violentando la luz roja del semáforo.
No sé en qué momento me atropellará un conductor violador de la ley, de esos que conducen como locos o escribiendo por un celular, expresa.
No puedo confiar en que voy a cruzar de manera segura las calles, porque en cualquier momento un carro o un motor viola la luz roja y me arrastra por el pavimento, insistió, la joven, quien trabaja en una plaza comercial de la zona.
Los temores de Laura invaden a cientos de miles de dominicanos que se movilizan día tras día en la capital.
Empero, el hecho más grave es que las violaciones a la ley descritas se producen ante la mirada indiferente de los policías de tránsito.

