AMMãN, 22 Mayo 2013 (AFP) – Los Amigos de Siria se reúnen el miércoles en Ammán para preparar una conferencia internacional de paz entre el régimen sirio y los insurgentes, que pidieron a todos los rebeldes sirios que acudan «al rescate» de Quseir, una estratégica ciudad escenario de sangrientos combates contra el ejército. La reunión coincide con la ofensiva de tropas del régimen de Bashar Al Asad, masivamente apoyadas por el Hezbolá libanés, en la ciudad de de Quseir, en el oeste del país, hasta ahora feudo de los insurgentes.
«Batallones revolucionarios y Ejército Sirio Libre, apresúrense al rescate de Quseir y Homs,» declaró este miércoles el jefe de la oposición siria George Sabra en un comunicado, en el que llamó a las brigadas de todo el país a enviar fuerzas y armas, «aunque sean pequeñas».
«Instamos a la comunidad internacional a abrir un corredor humanitario para rescatar a los heridos y llevar medicamentos y asistencia a las 50.000 personas sitiadas», afirmó.
El opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos (OSDH), con sede en el Reino Unido, estima que unos 25.000 civiles están atrapados dentro de Quseir, a los que hay que añadir miles de personas más alrededor de esta ciudad de la provincia de Homs (centro).
Sabra también urgió al Consejo de Seguridad de la ONU que convoque «una reunión de emergencia». «Se están violando las fronteras y la soberanía de nuestro país y las vidas de sus ciudadanos. Instamos al Consejo de Seguridad a tomar una posición a la altura de la gravedad de esta situación», dijo.
El Hezbolá libanés envió nuevas tropas de élite para luchar junto al ejército sirio e intentar hacerse con el control de Quseir, una intervención que Estados Unidos condenó y que llevó a la Unión Europea a estudiar la inclusión del brazo armado del movimiento chiita en la lista de organizaciones terroristas.
Equilibrio de fuerzas militares a debate en Ammán
En Ammán, los Amigos de Siria se reúnen el miércoles para preparar una conferencia internacional de paz.
«Una de las cosas que vamos a debatir aquí en Ammán es el equilibrio de fuerzas militares» enfrentadas en Siria, afirmó un responsable de Estado estadounidense, que acompaña al secretario John Kerry, quien asistirá a la reunión.
El responsable alude al desequilibrio de fuerzas entre el ejército sirio, con su fuerza aérea, el apoyo del Hezbolá e incluso de los iraníes, según Washington, frente a los rebeldes, muy mal equipados.
Sin embargo los países occidentales se niegan por el momento a armar a los rebeldes, alegando que esos arsenales podrían caer en manos de los extremistas.
La reunión de Amman estará centrada además en «Ginebra II», la conferencia prevista para junio e impulsada por Estados Unidos y Rusia con el objetivo de poner fin a una guerra que ha dejado 94.000 muertos en dos años, según el OSDH.
Esta conferencia debe basarse en la declaración de Ginebra firmada por las grandes potencias en junio del año pasado y que prevé el final de la violencia y un gobierno de transición, aunque no hace referencia a la suerte de Asad, principal punto de discordia entre rusos y estadounidenses.
En la capital de Jordania se reúnen los ministros de Exteriores de Jordania, Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Catar -que financia a los rebeldes-, Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Turquía y Alemania.
Por primera vez la oposición siria, sin jefe tras la dimisión de Ahmed Moaz Al Jatib -Sabra lo sustituye temporalmente- no asistirá a la reunión de los Amigos de Siria.
Los representantes de los países árabes y occidentales viajarán el jueves a Estambul, donde se celebra una reunión de la oposición siria, para intentar convencer a los rebeldes que participen en «Ginebra II».
En esta reunión de Estambul, la oposición, muy dividida, elegirá un nuevo jefe y decidirá si participa en la conferencia internacional de paz de Ginebra.
En la primera conferencia sobre Siria de Ginebra, en junio de 2012, se elaboró un texto que exigía el fin de la violencia y la aplicación de un proceso de transición política, aunque no se hablaba de la situación del presidente Bashar Al Asad, cuya salida del poder exigen los insurgentes. El futuro de Asad puede convertirse en el principal escollo de las negociaciones.
